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Tengo una ‘amiga’ desde hace 10 años. La conocí casi por casualidad, mientras paseaba por la autopista de la información buscando a otra persona. Fue gracias un choque repentino al cruzar una esquina, mientras caminaba pensando en mis cosas. Fruto del despiste que tengo ella se chocó conmigo, o más bien yo me choqué con ella. Su url cayó al suelo y surgieron de ella varias páginas que se desparramaron ante mí. Ella intentó recogerlas pues al parecer tenía prisa (su cara mostró el rubor tímido propio de quien es joven e inexperto) pero yo la detuve, algo de lo que acababa de ver, me había cautivado.

Puede que a otra persona ese compendio de cifras y datos sobre grupos a los que apenas conocía le hubiese resultado superfluo, aburrido o poco interesante, sin embargo para mí, un apasionado de la música, de mi música, y de hacer que toda la música que me rodea pueda estar algún día a mi alcance, fue algo parecido a un shock, a caer bajo el síndrome de Stendhal ante la belleza y la ‘perfección’ de lo que tenía ante mis ojos. Probablemente mi espíritu voraz, que me lleva a devorar música de forma empedernida e irredenta, fue el que me llevó a caer prendado de ella en ese mismo instante, a olvidarme de lo que había ido a hacer, de a quien buscaba y por qué lo hacía.

Una web para visitar y utilizar a diario

Desde ese primer instante comenzamos una relación. Yo la visitaba a diario, pues conocía su url de memoria. Ella me entretenía con sus datos y recomendaciones, con grupos a los que nunca había escuchado y a los que nunca escucharía de no ser por ella. Todo era perfecto, no tenía nada más que pedirle, pues ella colmaba todos mis apetitos melómanos.

scrobbling

Corría el año 2005 cuando, sin que yo se lo pidiera, ella me regaló algo que a mí jamás se me había pasado por la cabeza, algo que jamás había soñado que fuera posible. Esa mañana del 2005 fui a su casa, como todos los días, y nada más llegar me encontré con esto. De mis ojos salieron lágrimas que humedecieron mis mejillas, dejándome un gusto salado pero agradable al rozar mi boca. Acababa de regalarme algo que mi mente no concebía, la forma de ser partícipe de todos los datos que me ofrecía, de poder aportar mi granito de arena a su enciclopedia musical haciendo lo que más me gustaba, estar con ella mientras escuchaba música. La felicidad era eso y nada más.

Desde ese día me prometí a mi mismo que seguiría con ella hasta el fin de mis días. Otras chicas intentaron seducirme con armas parecidas, pero ella fue la primera, la más sincera, y la que me trataba como yo pensaba me merecía. Ella no era el centro, lo era yo y mi pasión por la música y los datos. Además no me pedía nada a cambio, solamente que compartiera con ella cada día, cada canción, cada riff de guitarra que disfrutaba. Y así hice, a pesar de que las dificultades se encontraban a la vuelta de la esquina.

CBS y el comienzo del declive

CBS El ojo que lo echó todo a perder

Tras cuatro años de continua luna de miel las cosas empezaron a torcerse. Su nuevo jefe, CBS, empezó a entrometerse en nuestra relación. Las promesas con las que llegó nos ilusionaron a ambos, pero en nuestro fuero interno sabíamos que el cambio no era para bien, la libertad con la que disfrutábamos de la música se iba a ver alterada. Y definitivamente así fue. Tras prometernos el cielo e ilusionarnos con un servicio que lo integrase todo, libertad, gratuidad y estadísticas universales, mi chica se vio obligada a no ofrecerme lo que había venido haciendo hasta ahora.

Primero fue la posibilidad de descargar temas de forma gratuita aunque en unos exiguos 128 kbps de bitrate. Más adelante cayó la radio gratuita con la que había descubierto tantas bandas que ahora son imprescindibles para mí por culpa de licencias con discográficas y las manazas del mercado, que todo lo tocan, por muy paradójicamente amigas de la libertad que se autoproclamen.

Sin embargo éstas no fueron las mayores desgracias que trajo el tirano, sino que su entrada también acabó suponiendo un freno importante a la innovación, a la incorporación de nuevas características y, lo más grave, la desatención de las existentes. Así cayeron las comunidades, se desincentivó la participación en las características wiki por lo que los contenidos aparecen ampliamente desactualizados… Obviamente este golpe no fue consecuencia directa de la llegada de CBS, pero su participación junto con la llegada de nuevos competidores convirtieron a mi chica, a mi lastfm en un zombi hace unos 3 años.

La competencia da el golpe definitivo

A partir del golpe que mercado y CBS dieron a mi chica, la realidad me despertó, empecé a tratarla con el desdén propio de quien ya no está enamorado, de quien ya no tiene ojos solamente para ella, de quien se gira a mirarle el trasero a toda y cada chica con la que se cruza por muy cogido de la mano que vaya con ella. Puede que fuera injusto, pero empecé a darme cuenta que otras me ofrecían lo que ella ya no podía darme.

Así nuestra relación se fue enfriando aunque no se apagó nunca. Empecé a compartir tiempo con otras, a ver las bondades que me ofrecían, a disfrutarlas, a ser partícipe de ellas, a dejarme seducir por la integración con Facebook, con la escucha ilimitada vía streaming, con la posibilidad de votar y hacer reseñas de los discos que venía escuchando… Es cierto que ninguna de ellas me ofrecía su increíble motor de búsqueda y recomendaciones, que ninguna me ofrecía la posibilidad de contabilizar qué escuchaba y cuando lo hacía, pero en ese momento, lo más valioso que ella me ofrecía empezó a carecer de sentido, o al menos, dejé de valorarlo como había venido haciendo.

No dejé de verla de todos modos, su icono seguía adornando la pantalla de mi ordenador a diario, seguía abriéndose junto al de itunes o al de foobar como siempre lo había hecho, pero yo ya no acudía a ella para buscar información, no acudía a ella para saber qué opinaba la gente de ese lanzamiento que tanto me interesaba, no acudía a ella para ver qué grupo setentero era el referente de esta banda que me quitaba el sueño. Sé que estaba siendo injusto pues ella no era responsable de esto, pero era imposible mantenerse impasible ante todas las bellezas que uno se encuentra por la calle. Soy un hombre y soy débil, lo admito.

Diez años, tres siendo un muerto viviente

La semana pasada me encontraba, como siempre, escuchando música en mi ordenador cuando vi una noticia que me tocó la fibra sensible. Se iban a cumplir 10 años de que la conocí. Obviamente fui a visitarla para ver cómo se encontraba, felicitarla y compartir un poco de mi tiempo con ella. Normalmente era yo quien tenía que haberle hecho un obsequio, sin embargo, ella se me adelantó, yo supongo que en un intento de recuperarme, y me ofreció esto. Los 10 años que pasé con ella pasaron ante mis ojos, los discos que más había escuchado, mis canciones favoritas, los grupos que había descubierto con ella, todos estos momentos, probablemente los mejores momentos de mi vida, me hicieron recordar lo que llegó a significar para mí y todo lo que aún significaba.

zombi En esto se ha convertido lastfm

Lastfm era una zombi desde hace 3 años, pero era mi zombi. Las había más guapas, con más dinero y con más propiedades, pero ninguna de ellas había pasado los últimos 10 años conmigo. El olor a podredumbre era lo de menos, el cierre de características era insignificante. Lo importante era poder sentirme como en casa, y eso con ella siempre fue lo importante.

10 años han pasado desde que la conocí, ella ahora es una muerta viviente, pero es mi muerta viviente. No quiero mirar más al pasado, ahora es momento de mirar al futuro, ver qué nos deparará. Su enciclopedia desactualizada, sus foros míticos y su scrobbling siempre me acompañarán.

De esta particular forma felicitamos los 10 años a lastfm. El scrobbling fue una revolución, y sus resultados aparecen en la siguiente infografía. Además, para conmemorar este aniversario, el equipo de desarrollo de lastfm nos trae esta aplicación, mediante la cual podéis ver cual fue vuestro primer scrobble. El mío fue ‘Hexagram’ de Deftones, ¿cuál es el vuestro?

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