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Liars Discografía

Once años después de su debut, Liars se han convertido en uno de los grupos que más ha intentado salirse en todo momento del papel que les han asignado público y crítica. Inquietos, capaces de comenzar donde todos hace diez años y evolucionar hacia un lugar que pisan ellos y poco más, si Liars hubiesen decidido ser más directos serían uno de esos grupos semi-masivos que, sin embargo, no dejan de arriesgar. Pero nunca ha sido sencillo entrar en sus discos, su posición es ahora más cómoda. Hoy en HS hacemos un amplio repaso de su carrera.

Liars: O cómo los tiramos a la trinchera del post-punk y no hicimos monumento

Liars llegaron rápidamente a la prensa musical de inicio de siglo. Para cuando lanzaron su debut, They Threw Us All In a Trench and Stuck a Monument on Top (2001), ya se habían acoplado perfectamente al moviemiento que estaba marcando tendencias: la vuelta del rock y, en especial, de los sonidos del post-punk. Sin ser el grupo más alabado, sí que se les dio cancha, más de lo habitual para un debut grabado en dos días por una banda que apenas tenía un año de edad.

El alto e imponente Angus Andrew (voz) y su amigo Aaron Hemphill (guitarras, ruidos varios) respondieron a un anuncio de una tienda de discos en el que Pat Noecker (bajo) y Ron Albertson (batería) buscaban gente con la que poder hacer música. Es curioso que los impulsores del grupo fueran Noecker y Albertson, teniendo en cuenta que saldrían del grupo poco después de su debut. También es significativo: el debut de Liars, de largo y llamativo título, es muy diferente de lo que vendrá después.

Sí, les salía el post-punk por todos los poros, en su caso con violencia y toques funk. Aporreban las guitarras mientras Andrew gritaba proclamas y ponía brillantes títulos a las canciones. Que si ‘Tumbling Walls Buried Me In The Debris’, que si ‘Mr. Your on Fire Mr‘, que si ‘Nothing Is Ever Lost or Can Be Lost My Science Friend‘.

They Threw Us All In a Trench and Stuck a Monument on Top es monocorde y más apetecible ahora que en el momento en que salió. Sobre todo si uno intenta rastrear el grupo que vendría después en las canciones con los pies más en la tierra y rock de toda la discografía de Liars. Si me dicen que los 30 minutos de ‘This Dust Make That Mud‘ se llamaron así siendo conscientes del futuro que recorrería la banda, tendría que darles la medalla de oro al plan perfecto. Porque, efectivamente, de ese polvo saldrían unos barros terroríficos primeros, psicodélicos después y muy muy personales en última instancia.

They Were Wrong, So We Drowned: cine de terror musical

En medio de la gira del debut, Liars se desintegran: su base rítmica, tan importante para el sonido de They Threw Us All In a Trench and Stuck a Monument on Top, abandona al grupo, en el que se quedan Angus Andrew y Hemphill. Enrolan a Julian Gross como refuerzo en la percusión y, pasado un tiempo, se recluyen en una casa en los bosques de New Jersey. La idea: destruir por completo el sonido previo, probar a experimentar, forzar las canciones hasta que no queden de ellas nada más que repeticiones y miedo.

Sí, miedo, porque They Were Wrong, So We Drowned (2004) es un disco de terror, en el canción tras canción se narra la historia de un pueblo de fuertes creencias cristianas mezcladas con superstición enfrentado a una caza de brujas. Títulos como “No quieren tu maíz, quieren a tus hijos”, “Lee el libro que se escribió solo” o “Si eres un mago, entonces por qué llevas gafas” son una pequeña muestra de la idea que Liars quieren imprimir.

Voces fantasmagóricas, ritmos tribales descoordinados, teclados, ruidos electrónicos, cintas, loops… La brujería real y la inventada, frente a frente. They Were Wrong, So We Drowned es un gran disco con escasos lugares en los que respirar y sin singles, a menos que consideréis la brutal ‘Broken Witch‘ o la yonqui y muy remezclable ‘There’s Always Room On The Broom‘ algo así. A los mandos, Dave Sitek, entonces en TV On The Radio y después miembro también de Jane’s Addiction. Y, como decorado, sangre, mucha sangre. BLOOD, BLOOD, BLOOD, BLOOD, BLOOD.

Drum’s Not Dead: la psicodelia tenía dos caras

El mejor disco de Liars nace justo donde se quedó el anterior. Destruidas las canciones para representar esos juicios de brujería de They Were Wrong, So We Drowned, al grupo, estable ya en su formación, le toca volver a pegar las piezas de nuevo. Pero lo que encuentran es otro disco vagamente conceptual que, sin embargo, en su sonido y en sus canciones les lleva más lejos de lo que estarán nunca.

Drum’s Not Dead (2006) cuenta la historia de MT. Heart Attack y Drum, el ying y el yang del proceso creativo. MT. Heart Attack es la duda; Drum, la energía. En base a eso, Liars se visten de Sonic Youth, del Feels de Animal Collective (publicado un año antes), del post-rock más rítmico, de los Radiohead más obtusos (‘Let’s Not Wrestle Mt. Heart Attack‘ es una canción que Yorke y compañía pagarían por firmar).

Las doce canciones de ambient, psicodelía de guitarras eléctricas licuadas, ritmos dance que no se pueden bailar, gritos desde el segundo plano y, otra vez, ningún respiro… pero muchos más lugares donde disfrutar. Drum’s Not Dead es ya un clásico reciente.

Liars: Fin del camino de vuelta

Decíamos que en Drum’s Not Dead, Liars habían emprendido el camino de vuelta hacia un formato de canción tradicional, pero que se habían quedado mirando a las musarañas de la psicodelia. El primer disco homónimo del grupo, Liars (2007), les deja sólo un año después ante la mayor colección de canciones normales que han tenido nunca.

El single fue un sopapo en toda regla, ese ‘Plaster Casts of Everything‘ donde unían, a su ya habitual bruterío (porque para firmar They Were Wrong, So We Drowned hay que ser muy bruto), velocidad y letras escupidas. Es un gran hit violento, mientras que ‘Houseclouds‘ es su corte más pop, pop al estilo Beck.

Aún se siguen permitiendo escapadas hacia lo menos audible, como en ‘Leather Prowler‘, pero cuando tiran de canciones atmosféricas esta vez rozan lo convencional (’Sailing To Byzantium‘).

Tras semejante bofetada de realidad (unos Liars que prefieren ser normales a ser exigentes consigo mismos), el grupo quiere reconducirse en Sisterworld (2010), un disco sobre Los Ángeles y sobre cómo una ciudad destruye las promesas y los sueños con los que muchos llegan a ella. Es un resumen de como la frustración se convierte en el corazón de la vida urbana.

El atractivo de pensar en esto se diluye con Liars aún a medio gas: de momentos brillantes como ‘Here Comes All The People‘ o hits que no esquivan lo incómodo, como la gran ‘Drip‘, pasamos a muchos momentos entre lo ramplón y lo que ni siquiera nos hace arquear la ceja. Con menos altibajos que el anterior, pero también con menos sorpresas y sobresaltos, Sisterworld sigue siendo el disco fallido de Liars. No es para mal: tras intentarlo, Angus y compañía se lo toman con calma hasta parir el que venden como su “disco electrónico”. Pero de WIXIW hablaremos mañana, en una crítica aparte.

Liars en Hipersónica

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