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Mejores discos metal

El jueves pasado arranqué el especial sobre los 50 mejores discos de metal del siglo XXI, con el cual pretendo que durante las próximas semanas en Hipersónica se hable sobre todo lo bueno (y por qué no, también lo malo) que este género nos ha dado durante los últimos diez años. Por ahora la cosa ha marchado de forma bastante constructiva, y sólo fue necesario aclarar algunas cuestiones sobre dónde quedaron establecidos los límites de estilo para decidir qué entrará y qué no entrará en este monográfico.

Por lo demás, muchos os aventurasteis a ir dando vuestros propios candidatos, e incluso a hacer pronósticos de los puestos altos en base a mis gustos, los cuales son de sobra conocidos por quienes lleváis más tiempo leyendo este blog. Algunos se acercaron más y otros menos, pero no está mal que os vayáis arriesgando, y si queréis cuando estemos más cerca del final montamos algún tipo de quiniela para ver quién consigue más aciertos.

No obstante para eso aún falta mucho, porque con los próximos cinco discos que presentaré sólo habremos cubierto los diez últimos puestos de la lista. Una vez más no todo el mundo podrá estar de acuerdo, ni en la totalidad de elecciones ni en los puestos asignados, pero ya sabéis que las quejas varias son en la siguiente ventanilla. ¿Empezamos?

45. Pelican – Australasia (2003, Hydra Head)

Pelican Australasia

Pelican no han grabado nada pensando en las grandes masas, pero a pesar de resultar cerrados y algo indigestos, lo más probable es que acabes perdidamente enganchado a ellos en cuanto los descubras. Dentro de su cerrazón han tenido algunos momentos más accesibles que otros, pero está claro que su debut titulado Australasia no es en absoluto el álbum ideal para empezar con ellos.

Pero aunque sea su grabación de más difícil acceso, la desbordante calidad de este primer esfuerzo de los de Chicago está fuera de toda duda. Comparado con la evolución mostrada en sus sucesores, este disco puede sonar algo más tosco y falto de dominio, pero sus experimentaciones con el sludge son igualmente hipnóticas, casi opresivas por momentos, como una gigantesca bola de demolición que se acerca lentamente hacia ti sin que tú puedas hacer nada por esquivarla.

Sólo encontramos seis temas, todos ellos instrumentales, pero el golpe que suponen es brutal, llegando a crear atmósferas tan densas que podrían cortarse con un cuchillo. Incluso en los momentos más suaves, Pelican rugen como el motor de un camión, logrando entrar por la puerta grande en el universo post-metal con este estreno en largo.

Una canción: La masa de ‘Drought’ (YouTube) debe ser tan eleveda y tan concentrada, que posiblemente sea capaz de generar su propio campo gravitatorio

44. Circus Maximus – The 1st Chapter (2005, Frontiers)

Circus Maximus

Circus Maximus no pusieron en la calle su debut con intención de revolucionar el metal progresivo, pero como banda dispuesta a coger las bases ya marcadas por otros y sacar de ahí unas cuantas canciones de mucho nivel, demostraron ser más que capaces. No seré el primero que cite referencias tan evidentes como Dream Theater o Symphony X a la hora de hablar de ellos, dos formaciones con las que casi podrían codearse en el plano de ejecución técnica.

¡Hasta su horrenda portada encaja perfectamente dentro de los cánones del género! Pero más allá de las deudas estilísticas, los noruegos lograron clavar un primero disco bastante redondo en líneas generales, donde las clásicas estructuras progresivas se alimentan constantemente de riffs de guitarra con mucho sabor heavy y una búsqueda constante del tono épico en la voz de Michael Eriksen y en los coros que le acompañan.

El empuje de Truls Haugen desde la batería es sensacional, y Espen Storø, que dejaría la banda medio año después de esta publicación, llega a marcar la diferencia con los teclados en algunos momentos. Este primer capítulo tiene sus altibajos, pero el nivel general es más que suficiente para entrar en esta lista, destacando especialmente los 19 minutos del tema que da nombre al disco.

Una canción: ‘Sin’ (Grooveshark) como imparable comienzo de disco, ritmos absolutamente envolventes con los que ponen toda la carne en el asador desde el primer minuto.

43. Metallica – Death Magnetic (2008, Warner)

Death Magnetic

Con la publicación de St. Anger en 2003, Metallica habían conseguido tocar el fondo de la constante espiral de caída que comenzaron en la década de los 90, llegando a un punto en que su credibilidad no podía estar más debilitada. Y para una banda tan importante en la historia del metal sólo había una salida posible llegado a este punto: marcarse un disco de redención en toda regla, que les sirviera para volver a ponerlos a la altura que nunca debieron dejar de tener.

Y por suerte para todos nosotros, Death Magnetic consiguió ser ese disco. Tan fuerte fue el golpe de efecto que supuso, que más de un año y medio después de su llegada aún logra sorprenderme lo extraordinariamente bien que consiguieron volver a sonar como ellos mismos, como si los errores de los años anteriores hubieran sido culpa de unos impostores que estuvieron usando su nombre con nefastas consecuencias.

Sería inocente pretender que este disco estuviera a la altura de sus grandes obras maestras de los 80, porque eso es algo prácticamente imposible, pero pocos de los que aún siguen en activo de aquellos años han logrado hacer que su fórmula responda tan bien en este siglo. La escasa presencia que tendrán otros contemporáneos suyos durante el resto de esta lista es una buena muestra de ello.

Una canción: ‘All Nightmare Long’ (YouTube), la cual puede ponerse perfectamente a la altura de los grandes clásicos de la banda, siendo para mí la mejor del álbum con diferencia.

42. Gojira – The Link (2003, Boycott)

The Link

Al igual que el monstruoso lagarto que les da nombre, la música de los franceses Gojira es capaz de arrasar con todo a su paso, algo que forma un curioso contraste con sus letras famosas por tratar el cuidado a la Tierra y el respeto al medio ambiente. Los de Bayona se marcaron un debut muy interesante con Terra Incognita, pero el verdadero salto de calidad lo dieron en 2003 con The Link.

Musicalmente es muy difícil encajarlos dentro de un estilo, y aunque por su contundencia son catalogados habitualmente como death metal, las particulares estructuras que construyen, sus ritmos casi matemáticos, las diferentes capas con las que juegan y sus constantes variaciones les alejan de los exponentes clásicos de cualquier género.

Riffs de guitarra como muros de hormigón, que sólo el martillo neumático que tienen por batería podría deribar y un trabajo impecable de Joe Duplantier con las voces, el cual puede ser disfrutado incluso por quienes no sean especialmente afines a los cantantes gritones, forman los principales ingredientes de un disco que fue justamente reeditado tan sólo dos años después de su lanzamiento para que su desbordante calidad no quedara en el olvido.

Una canción: ‘Death of Me’ (YouTube) es pura técnica hecha agresividad, aunque lo cierto es que podría haber tomado cualquier corte como representativo.

41. The Sword – Age of Winters (2006, Kemado)

Age of Winters

¿Quién dijo que el metal puro y las letras fantásticas eran cosa del pasado? El debut de The Sword ha sido comparado hasta la saciedad con Black Sabbath, aunque yo siempre los he visto mucho más fácilmente enmarcables en la escena stoner (la cual es en cualquier caso evidente deudora de los Sabbath). Lo que les diferencia de la gran mayoría de bandas salidas del desierto es que ellos no se alinean en absoluto con las líneas maestras trazadas por Kyuss, sino que se saltan ese paso intermedio tomando como referencia directa al rock más pesado de los 70.

Esto ha hecho que se hable también de ellos como una banda de tipo retro, pero lo cierto es que Age of Winters tiene enjundia y personalidad suficiente para superar esas “acusaciones”. En él, las guitarras se agitan como contundentes mandobles capaces de cortar todo a su paso, mientras se canta a la bravura de Barael o al poder de la diosa Freyja. Y es que un buen chute de épica nunca sienta mal a nadie.

Los de Texas presentan una sucesión de riffs y solos de libro, algo perezosos en ciertos momentos, pero una marcha por encima de los ritmos doom. El discurso cambia poco a lo largo del disco, pues la banda opta por ir a pistón a lo largo de nueve temas que difícilmente decepcionarán a cualquier buen amante del sonido pesado.

Una canción: ‘Freya’ (YouTube) es, por razones que quedan fuera de toda duda, la canción más reconocible de esta banda.

Los 50 mejores discos de metal del siglo XXI

Parte I

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