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Mejros discos Kiss

¿Está muerto el heavy metal en su concepción más elemental? Hablábamos de ello en la anterior entrega de esta lista, debido a que la rama más tradicional del género apenas está teniendo presencia entre mi selección de discos. Sí, se han lanzado muchos álbumes que encajan en la definición más clásica del heavy, pero ni los viejos monstruos ni sus jóvenes imitadores han conseguido estar durante esta última década a la altura de bandas con propuestas más atrevidas.

Es innegable que el true metal, ése que defendían los Manowar hacha en mano, necesita que nuevos talentos se atrevan a desembarazarse de los tópicos y dar nuevas alas a una rama musical que ha sido la banda sonora de la adolescencia de muchos de los que aquí estamos. Pero vamos, que mientras haya discos como los que a continuación os presento, está claro que calidad no nos va a faltar.

20. Sleep – Dopesmoker (2003, Tee Pee)

Dopesmoker

Si no dispones de un estómago apto para digestiones pesadas, mejor será que este peldaño de la lista te lo saltes directamente, porque no vas a encontras muestra más excesiva, petulante y desproporcionada de las virtudes y defectos del doom metal que en Dopesmoker. ¿De qué otra forma podríamos definir un disco que contiene una única canción que supera en tres minutos la hora de duración?

En realidad, el descomunal tema ya había sido publicado bajo el título de Jerusalem en 1999 de forma extraoficial, con algo menos de metraje y dividido en seis pistas, pero la versión definitiva y consentida llegaría en este siglo y con Sleep ya separados. La historia de este monstruo musical viene de antes, pues ya a mediados de los 90 el sello London Records se negó a publicarlo por considerarlo directamente imposible de vender.

Por suerte, el tema/disco acabó por publicarse, con una canción en directo de “sólo” 9 minutos como añadido, actuando como excepcional broche final para una banda absolutamente única dentro de la escena stoner. Soy consciente de que muchos verán monotonía y abotargamiento aquí, pero quien esté dispuesto a meterse entre pecho y espalda este tocho descubrirán en él un universo completo, sucio, robusto y contundente.

Una canción: Creo que está claro, ¿no? Aquí os dejo los primeros ocho minutos a modo de muestra (YouTube).

19. The Ocean Collective – Precambrian (2007, Metal Blade)

Precambrian

Oyendo el metal progresivo rugiente y cercano al death que practican The Ocean Collective, lo fácil sería pensar que vienen de algún frío país escandinavo, pero el origen de esta cambiante agrupación de músicos está un poco más al sur, en Alemania. Es frecuente referirse a ellos como The Ocean, a secas, pero a mí me gusta más el nombre completo pues define a la perfección una formación que ha llegado a contar con decenas de integrantes en sus filas.

Tras el lanzamiento de los álbumes “gemelos” Fluxion y Aeolian, opuestos y complementarios al mismo tiempo, la banda comandada por el guitarrista Robin Staps dio el todo por el todo con este sensacional trabajo cuyo concepto gira en torno al periodo Precámbrico, el llamado supereón que engloba los primeros 4.000 millones de años de la Tierra. Con semejante trasfondo temático, está claro que nos encontramos ante un álbum donde la ambición será la nota dominante.

Más de treinta músicos desfilan a lo largo de sus dos mitades (Hadean/Archaean más brutal y Proterozoic más calmada) para intepretar instrumentos de todo tipo, rockeros y clásicos, así como para aportar numerosos coros y voces. Composiciones majestuosas y contundentes que no tienen absolutamente nada que envidiar a los grandes mitos del metal progresivo, a cargo de una banda que dará mucho que hablar este año con un nuevo cantante y dos discos, Heliocentric ya publicado y Anthropocentric en octubre.

Una canción: vamos con ‘Neoarchean’ (YouTube), la cual cuenta con una introducción muy del estilo de Mastodon que desemboca en una canción explosiva y vibrante.

18. Opeth – Ghost Revieres (2005, Roadrunner)

Ghost Reveries

Opeth es sinónimo de culto, de éxito entre expertos y noveles en el género del metal progresivo, y a juicio de un servidor parte de la tríada de grandes del gremio junto a Dream Theater y Tool. Prácticamente todos los discos que han lanzado en este siglo se cuentan por imprescindibles, y lo más difícil en este caso no ha sido decidir cuáles meter, sino cuáles se quedarían fuera.

Abrimos pues con Ghost Reveries, el primer trabajo que editaron tras su merecido fichaje por el sello Roadrunner, lo que les costó ser acusados de haberse vendido por parte de algunos seguidores intransigentes, algo totalmente fuera de lugar como demuestra la calidad del álbum. Es posiblemente uno de sus elepés más eclécticos, apostando por aunar en perfecto equilibrio todos los palos que Opeth han tocado a lo largo de su carrera, sin que ninguno se imponga de manera destacada sobre el resto.

Se trata además del primer esfuerzo con Per Wiberg a los teclados, quien demuestra estar a la altura de lo que un monstruo como Steven Wilson hizo para ellos en la dupla formada por Deliverance y Damnation. Estaba claro que a estas altura de la película, los reyes del metal sueco no iban a inventar nada nuevo, pero con este disco demostraron que su fórmula aún podía servir para clavar álbumes sencillamente perfectos.

Una canción: ‘The Baying of The Hounds’ (YouTube), diez minutos de gloria progresiva en los que les da tiempo a jugar con todo.

17. Mastodon – Leviathan (2004, Relapse)

Leviathan

Creo que en los comentarios de todos los artículos que llevo publicados hasta ahora de este especial se ha mencionado a Mastodon, y todos dabais por hecho que los americanos aparecerían por aquí. ¿Tan previsible soy? Aunque aún queda la duda de saber cuántos de sus discos figurarán en la lista y qué puestos ocuparán. Por ahora, uno ya está sobre la mesa.

Aunque los de Atlanta ya habían hecho una interesante demostración de fuerza en 2002 con su debut Remission, el verdadero salto de calidad lo dieron con Leviathan, cuyos diez primeros segundos ya son mejores que algunos discos enteros. Sin duda, es el álbum ideal para quienes adoran a Mastodon por su dureza sludge, pues la vena progresiva que dominaría sus posteriores obras apenas empieza a latir aquí.

Leviathan es la incontrolable fuerza de los elementos golpeándote por todas partes, es viento, agua y sangre, seres monstruosos salidos de las profundidades abisales del océano para destruir y devorar todo lo que encuentren a su paso. Su batería es las olas que te sacuden y sus riffs de guitarra las cortantes fauces de la bestia que se cierran sobre ti.

Una canción: ‘Blood and Thunder’ (YouTube). Elegir otra sería un pecado. No hace falta decir más.

16. Deftones – Deftones (2003, Maverick)

Deftones cover

A lo largo de mis años como amante de la música, he visto pocos discos más injustamente maltratados por crítica y público que el homónimo de Deftones, el álbum con el que la banda de Sacramento osó a romper drásticamente con la línea triunfal que habían mantenido hasta entonces para presentar algo completamente nuevo, atrevido y fresco. Salvando las distancias, podríamos decir que fue su Kid A.

Por tanto, el mayor pecado de la banda fue su valentía, algo que muchos han sabido perdonarles con el paso de los años, reconociendo al fin los méritos de un álbum excepcional. Se la jugaron dejando a un lado la agresividad directa, rápida y (sólo en aparencia) descontrolada que les hizo grandes, para presentar composiciones más elaboradas, atrevidas y con buenas dosis de experimentación.

Decidieron recargar sus temas, añadir capas, probar con sonidos diferentes que en ocasiones se imponían a las guitarras, bajar un poco el pistón en favor de una mayor profundidad. Soy consciente de que es una de esas inclusiones en lista que generan controversia, como ya ocurrió por ejemplo con Reinventing the Steel, pero uno debe ser fiel a sus convicciones.

Una canción: ‘Needles and Pins’ (YouTube), por demostrar a la perfección lo duro que se puede sonar sin caer en prácticamente ninguno de los clichés ni fórmulas usadísimas del metal.

Los 50 mejores discos de metal del siglo XXI

Parte I, Parte II, Parte III, Parte IV, Parte V, Parte VI

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