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Rob Halford

El final de la lista sobre la que llevo unas semanas trabajando ya es inminente, y eso se nota especialmente en el nivel de los álbumes que van apareciendo. Y no estoy diciendo que los discos de los puestos más bajos fueran de poca calidad, sino que ahora están cayendo definitivamente muchos de los grandes imprescindibles para la gran mayoría de aficionados al género.

Los siguientes cinco discos que comentaré cerrarán los peldaños del 15 al 11, lo cual quiere decir que tras ellos sólo restarán los diez primeros clasificados por desvelar, sin duda alguna los puestos más calientes. Desde aquí, os animo a hacer vuestras propias quinielas al respecto, a ver quien consigue acertar más nominados. ¿Y el premio por conseguirlo? Pues el honor hipersónico, que no es poco.

15. Slipknot – Iowa (2001, Roadrunner)

Iowa

Pocas formaciones han sido capaces de generar alabanzas y odios tan enconados hacia su trabajo como Slipknot, banda que ciertamente ha tenido cal y arena durante estos años. En mi opinión, ni aciertan sus fanáticos al subirlos a los altares del metal, ni son justos sus detractores con ataques que, muy probablemente, no lanzarían si esta banda no fuera tan exitosa.

Lo que sí tengo claro, es que para mi gusto Iowa es un discazo como la copa de un pino, con el cual consiguieron canalizar toda esa rabia que a veces se les iba de las manos en su debut y darle una forma mucho más cristalina, pura y efectiva. Catorce cortes bien medidos, estudiados y presentados, totalmente merecedores del apabullante éxito comercial que cosecharon.

Con este disco, la aún joven banda demostró ser mucho más que un grupo de niñatos enmascarados salidos de la América profunda para hacer el cafre sobre el escenario, presentando una música que les ponía muy por encima de una apariencia que ha jugado en su contra muchas veces. Tras este punto álgido han venido dos discos que han superado holgadamente el nivel de aceptable, pero que en absoluto pueden compararse a esta obra.

Una canción: en lugar de optar por los temás más fáciles, en los que van a todo trapo, me voy a quedar con la lentitud y la pesadez de ‘Iowa’ (YouTube, incompleta), una pieza que me ha parecido siempre poderosa y ejemplar.

14. Baroness – Blue Record (2009, Relapse)

Relapse

La banda con las portadas más preciosistas y recargadas de esta década metalera (siempre con permiso de Mastodon), demostró a la perfección con Blue Record cómo una agrupación puede llegar a crecer sobre la base de un primer disco exitoso, expandiendo y enriqueciendo su sonido en todos los sentidos posibles. Sin duda alguna, con este trabajo Baroness se hicieron definitivamente grandes.

El sludge ha sido siempre el marco donde se les ha situado a la hora de catalogar (de hecho, en los comentarios del artículo anterior alguien los sacó a la palestra cuando se pidieron propuestas de este estilo), pero la riqueza de sus composiciones va más allá de riffs pesados y contundentes. Los interludios y cambios de estilo que aparecen aquí y allá durante el álbum le aportan un aire único, casi psicodélico, al conjunto.

La formación estrenaba guitarrista, Peter Adams, quien entraba en sustitución de Brian Blickle, pero si en algo les afectó el cambio fue para bien. Una producción algo más limpia y depurada hubiera ayudado a hacer de éste un disco mucho más redondo, y si os soy sincero el trabajo de John Baizley al micro nunca me ha entusiasmado especialmente, pero aun con estos defectos estamos ante un álbum sobresaliente.

Un canción: me quedo con el trabajo en equipo que hacen en ‘A Horse Called Golgotha’ (YouTube) para clavar una canción sensacional de principio a fin.

13. Opeth – Watershed (2008, Roadrunner)

Watershed

Todos parecíais tener claro que Opeth volverían a aparecer por esta lista, y finalmente las previsiones se han cumplido. Y es que habría que tener una venda muy gruesa en los ojos para no ver el descomunal trabajo de que los suecos han realizado durante esta última década (y antes, naturalmente) en pos del buen metal.

Con Watershed, la banda siguió directamente donde lo dejaron en Ghost Reveries, pues en sus dos últimos discos han demostrado tener las cosas muy claras con respecto a lo que querían hacer, habiendo encontrado definitivamente el sonido con en el que parecen sentirse más cómodos después de haber probado muchas fórmulas a lo largo de los años. Tienen lo que hay que tener para bordar discos sin imperfecciones, y no dudan en demostrarlo.

Posiblemente lo más meritorio de Opeth sea eso: si conseguir parir un solo disco de esos que se sitúan en los más altos estándares de un género ya es difícil, cuanto más es seguir mateniendo el listón a ese nivel con el paso de los años, sumando costantemente verdaderas joyas a su discografía. No sé hasta cuando conseguirán aguantar el tipo, pero lo que nos han entregado hasta ahora es de un valor incalculable.

Una canción: si alguien os dice que ya no se hacen canciones como las de antes, que hoy la música ya no es lo que era y todo eso, le ponéis ‘The Lotus Eater’ (YouTube) y que flipe.

12. Devin Townsend – Synchestra (2006, HevyDevy)

Synchestra

Al señor Townsend ya lo habíamos tenido anteriormente en esta lista, aunque no fue en solitario sino con Strapping Young Lad, la banda donde empezó a hacerse un nombre en esto de la música. Comentaba entonces uno de nuestros lectores que lo mejor del canadiense en este siglo había sido grabado por cuenta propia, y no le faltaba un ápice de razón.

No obstante, no todo lo que ha firmado con su nombre a secas, o con la posterior denominación de The Devin Townsend Project, encajaría dentro de la aceptada definición de metal, pues si por algo se ha caracterizado el músico durante estos años es por su constante inquietud e interés por experimentar con multitud de caminos sonoros. Entre tanta locura, Synchestra se sitúa dentro de lo más normal, optando por tanto con todo el derecho a aparecer en esta lista.

De hecho este trabajo vino después del desquiciado Alien, el cual Townsend decidió grabar prescindiendo de su medicación para el trastorno bipolar que sufre, y con él pretendió hacerlo todo algo más llano y accesible en contraposición. A pesar de ello, el álbum sigue teniendo sus salidas de tono, imprescindibles en todo lo que firma este músico, pero los temas más representativos del mismo, aquellos que lo hacen tan grande, son metal progresivo del más esencial y sublime.

Una canción: ‘Triumph’ (YouTube) es una de sus composiciones más impecables y abiertas al público, fácil de oír y disfrutar.

11. Dream Theater – Six Degrees of Inner Turbulence (2002, Elektra)

Six Degrees of Inner Turbulence

Aunque la discografía de Dream Theater podría fácilmente dividirse en dos grandes mitades, antes y después de la llegada de Jordan Rudess a los teclados, el disco que verdaderamente marca el punto de inflexión hacia el sonido actual de los americanos no es Scenes from a Memory, el primero junto a Rudess, sino Six Degrees of Inner Turbulence, el segundo.

Nunca sus riffs habían sido tan pesados hasta este momento, haciendo que la faceta metalera se impusiera en muchos momentos a la progresiva, aunque sin dejar por ello de lado la insultantemente espectacular demostración de virtuosismo que ya habían hecho en su anterior disco. La ambición de Portnoy, Petrucci y compañía no hacía más que crecer, y para quienes disfrutamos con sus progresiones imposibles, sus tormentas de notas y su compleja forma de construir estructuras altas como castillos, esto es una gran noticia.

Muchos seguidores han preferido quedarse en los Dream Theater menos musculosos, los que no hacían por demostrar a cada compás lo capaces que son en el plano interpretativo, pero hacer eso sería quedarse sin genialidades como la Twelve Step Suite, que arrancaba en este disco, o esa maravilla de 42 minutos de duración que ocupa la segunda cara de este álbum y le da nombre.

Una canción: ‘The Glass Prison’ (YouTube, incompleta) es una canción rompedora en muchos sentidos para este grupo, aglutinando buena parte de las razones que los detractores del camino actual de Dream Theater esgrimen en sus críticas. A mí sin embargo me parece uno de sus temas más redondos, con las dosis justas de fuerza y técnica.

Los 50 mejores discos de metal del siglo XXI

Parte I, Parte II, Parte III, Parte IV, Parte V, Parte VI, Parte VII

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