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Fred Durst

Señoras y señores, esto se acaba casi ya. Me voy a reservar el primer puesto de la lista para el próximo jueves, por eso de darle algo más de emoción al asunto, pero tras comentar los próximos cuatro álbumes habré dejado prácticamente vista para sentencia mi lista de los 50 mejores discos de metal del siglo XXI. ¿Os atrevéis a hacer porra con el primero?

Las amenazas contra mi persona han sido muchas menos de las que me esperaba durante el especial, algo a lo que habrá ayudado el hecho de que, desde un primer momento, he estado dejando claro la condición totalmente personal de esta selección. Como siempre, cada uno tendrá su propia lista en la cabeza, siendo imposible que nos pongamos de acuerdo a la hora de establecer clasificaciones, pero teniendo claro que el objetivo de este monográfico era el de compartir gustos e iniciar conversaciones, las cosas han ido bastante bien. Y me dejo la perorata para comentar los discos que van del quinto al segundo:

5. In Vain – The Latter Rain (2007, Indie Recordings)

The Latter Rain

Sin duda alguna, el de In Vain ha sido el gran debut escandinavo de la década junto a Leprous. Ambas formaciones han salido de tierras noruegas, y ambas buscan explorar con el death metal en su vertiente más compleja y rica, siguiendo la buena escuela de sus vecinos suecos, pero más allá de esos paralelismos la personalidad de ambas formaciones está muy marcada y sitúa a sus respectivos estrenos en terrenos distintos.

Los riffs a todo pistón y la batería en modo ametralladora son las notas dominantes de The Latter Rain, todo ello con la imprescindible ración de voces guturales, pero salta a la vista desde la introducción que la profundidad de este trabajo va mucho más allá, pues en las sesiones de grabación participó casi una veintena de músicos aportando instrumentos como el saxo, el violín o la flauta. Realmente no es extraño encontrar secciones orquestales en grupos de este estilo, pero la participación de todos estos elementos se convierte en capital en este disco.

Aun después de muchísimas escuchas, no es extraño encontrar nuevos detalles cada vez que vuelvo a él, matices que marcan la diferencia y hacen de este álbum mucho más que fuerza en estado bruto (que de eso también tiene, y mucho). El quinteto ha vuelto este año con una nueva lección creativa titulada Mantra, al cual ya le dedicaré un artículo en solitario cuando complete este especial.

Una canción: ‘October’s Monody’ (YouTube) ejemplifica a la perfección las virtudes que he intentado resaltar de este disco, con una gran riqueza instumental que enmarca a la perfección el núcleo death metalero.

4. Deftones – White Pony (2000, Maverick)

White Pony

Si el homónimo de Deftones estuvo por aquí, hubiera sido de juzgado de guardia dejar fuera al White Pony, considerado por muchos la obra cumbre de la banda encabezada por Chino Moreno. Yo siempre fui más de Adrenaline, qué le vamos a hacer, pero después de su debut creo que este trabajo es lo mejor que han firmado hasta la fecha.

Aunque el cambio definitivo hacia el sonido más experimental y texturizado lo dieron con su cuarto disco, en este tercer esfuerzo ya empezaron a apuntar maneras, enriqueciendo sus canciones con nuevas vías que iban más allá de la agilidad que les caracterizaba hasta entonces. No obstante, el eje compositivo aquí sigue siendo el mismo que en sus dos predecesores, aunque esté más comedido y depurado.

Un disco que se ha convertido en todo un icono para una generación de amantes de la música, y con el que Deftones demostraron definitivamente que ellos jugaban en una liga completamente diferente al resto de mortales, a pesar de que muchos aficionados (especialmente los más intransigentes con las corrientes novedosas) se empeñaran en meterlos en el saco nu metal. Arriesgarse y ganar, crear sus propias reglas, es lo que siempre ha hecho única a esta banda de Sacramento, gigantes en cada una de las canciones de este White Pony.

Una canción: si a la fórmula ganadora de este disco le añadimos el condimento de Maynard James Keenan (Tool) como colaborador, sólo puede salir algo tan tremendo como ‘Passenger’ (YouTube).

3. Mastodon – Crack the Skye (2009, Reprise)

Crack the Skye

Sí amigos, todos aquellos que apostabais por Crack the Skye en los puestos altos de mi selección habéis acertado, pero también es cierto que no hace tanto de mi crítica y ya dejé bien clara mi predilección por el disco en su momento. Y es que para alguien que venía flipando con Mastodon desde los tiempos del monstruoso Leviathan, ver cómo la banda optaba por hacer más complejo y épico su sonido, metiéndolo de lleno en el terreno progresivo pero sin perder de vista su propia identidad, sólo podía ser motivo de emoción.

Para este cuarto disco, la banda se dejó las medias tintas de Blood Mountain, donde las progresiones se quedaban a medio camino por la escasa duración de sus cortes, al llevar todos los temas excepto uno por encima de la barrera de los cinco minutos. La consecuencia inevitable de este hecho es una reducción en el número de pistas, sólo siete, contando además con una cierta fluidez entre unas y otras que aporta al conjunto una sensación de unidad mucho mayor que en cualquiera de sus predecesores.

Los riffs todopoderosos que son la verdadera seña de identidad de esta formación siguen estando presentes, en canciones igual de enérgicas y agresivas, pero ahora todo lo que tocan se pone al servicio de un bien mayor, situando al disco en su conjunto por delante de sus partes. Crack the Skye es un disco pensado a lo grande y ejecutado en consecuencia, contando además con un acabado técnico impecable para hacer de él una obra maestra de nuestros días.

Una canción: ‘The Last Baron’ (Grooveshark) es el tema cumbre del álbum cumbre de Mastodon, gigantesca, ambiciosa y majestuosa. No se les puede pedir más.

2. Dream Theater – Train of Thought (2003, Elektra)

Train of Thought

Scenes from a Memory es ampliamente reconocido como el mejor disco de Dream Theater, y muy posiblemente lo sea, pero he de decir que en mi metálico corazón, el trabajo de ellos que late con más fuerza es Train of Thought. Estamos ante el despertar definitivo de la faceta más dura de la banda, la cual ya había comenzado a dar sus primeros pasos en Six Degrees of Inner Turbulence, y con la que han permanecido en mayor o menor medida hasta nuestros días.

Este álbum cuenta con los momentos más pesados de su carrera (exceptuando algunos puntos de Systematic Chaos), en los que la banda echa el resto en el plano compositivo e interpretativo. Nunca el músculo y la técnica, el voltaje y el virtuosismo, han formado equipo de manera tan perfecta, casi simbiótica, como en esta ambiciosa lección musical donde estar por debajo de los diez minutos es la excepción.

LaBrie cierra definitivamente aquí todas las bocas que le han acusado de vocalista mediocre demostrando un dominio del micro intachable, Petrucci es capaz de ser Satriani y Darrell al mismo tiempo con la guitarra, Rudess está menos experimental de lo habitual pero no por ello menos brillante, Portnoy vuelve a darlo todo una vez más y sólo Myung brilla aquí algo menos que en sus trabajos previos, pero nada de lo que lamentarse. Uno de los discos más grandes de todos los tiempos.

Una canción: no será la recomendación que muchos esperarían, pero a mí la tosquedad y la rudeza de ‘Honor Thy Father’ (YouTube) me fascina. Es curioso, porque cuando se lanzó el disco esta canción no me gustaba nada, de hecho a veces hasta me daban ganas de pasarla, y ahora me siento totalmente fascinado por ella.

Los 50 mejores discos de metal del siglo XXI

Parte I, Parte II, Parte III, Parte IV, Parte V, Parte VI, Parte VII, Parte VIII, Parte IX

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