
Ah, celebramos el final de una década, somos diez años mayores y ese hito ha provocado algo poco común en Hipersónica: nos hemos puesto de acuerdo en algo. Todos. ¡Por fin! Así que, como manera de recordar diez años de música, hemos elaborado la lista de los 50 mejores discos debuts del siglo XXI, un título pomposo para lo que no deja de ser una manera más de recomendaros música. La buena sigue estando ahí fuera, como la Verdad.
Desde hoy lunes hasta el próximo viernes hablaremos de esas bandas y artistas que hace diez años no existían pero que han irrumpido con fuerza en el panorama musical. Algunos de ellos se desinflaron tras su debut, otros subieron el nivel y unos poco no han querido regresar. Son 50 discos repletos de buenas canciones y, como os imagináis los que sois seguidores de Hipersónica, muy diferentes entre sí (pero sí, hemos logrado hacer una lista conjunta, y no sabéis qué sudores).
Como siempre que se plantea un juego así (porque las listas son eso, sólo juegos, no presuntas muestras del criterio infalible y supremo de quien las hace), hay olvidos imperdonables y decisiones polémicas. El próximo domingo, muchos de esos discos de los que no nos acordamos y que salieron cuando la lista ya estaba cerrada tendrán también su segunda oportunidad. También aquellos que hemos dejado de lado conscientemente. Y, por supuesto, vuestras opiniones también serán imprescindibles en todo esto. Pero de eso ya hablaremos más adelante, ahora es el momento de poner en marcha la cuenta atrás.
El mundo duerme. Ben Gibbard decide hacer algo para salirse de la rutina de Death Cab For Cutie y se une a Jimmy Tamborello, prohombre de la indietronica con Dntel. Y en una de estas casualidades vitales y artísticas que al final parecen intencionadas, ambos dan con la obra que justifica todos sus deslices y que ayuda, por ejemplo, a que DCFC crezcan hasta extremos difíciles de sospechar antes.
Aunque Danse Manatée sea ya su pareja inseparable después de la reedición conjunta, Spirit, They’re gone… es estrictamente el primer disco de Animal Collective. Y mucho antes de que se permitieran el lujo de ser accesibles, la fórmula de Animal Collective ya estaba bañada de ácido, de electrónica casera, de bucles y chispas, de música para ponerle la banda sonora a cuando miras fijamente al sol y luego vuelves la cabeza para ver el mundo de otra manera.
Aunque la promesa de su debut no se haya mejorado con sus dos siguientes entregas y su éxito sea el responsable de que algunos grupos bastante mediocres hayan sido sobre-publicitados, lo cierto es que nada puede enturbiar las deliciosas canciones del primer asalto de Franz Ferdinand.
Música para bailar (especialmente si no sabes bailar) y estribillos de los que se pegan aunque su intención no parezca esa. Post-punk aferrado a la vertiente menos oscura, a esa alegría de saber que ya estamos en el nuevo milenio y que el mundo no se había acabado. Franz Ferdinand encendieron un fuego que dejó de estar bajo control y que no hizo arder ninguna ciudad, pero sí puso patas arribas las pistas de baile indie. It’s always better on holidays! (probertoj)
Una canción: ‘Michael‘ (youtube)
Se acabó el siglo XX y, de repente, Nueva York volvió a ser el sitio del que salían las mejores bandas. De la ciudad salían grupos a patadas y lo mejor: casi todos llevaban buenas canciones bajo el brazo. Había tantas interconexiones entre ellos que era fácil perderse, pero llegados a los discos, había quien despuntaba y quien bajaba el pistón tras un par de singles afortunados.
No hay nada más triste que los caballitos pony, cantaban Hidrogenesse. Pero, claro, quizás es que aún no se habían enganchado al garage fiero y amable a la vez, rockero pero digno de las mejores discotecas, de The Ponys.
Los tentáculos del universo post-rock se han extendido a lo largo de los años con multitud de sonidos tan diferentes, que muchas veces encontramos grupos que chirrían al ser puesto simultáneamente en dicho saco.
Lejos de abusar de la pomposidad de los instrumentales recargados, Dark Captain Light Captain se sumergen en la idea entre guitarras folk que llevan la voz cantante en prácticamente todos los cortes, piano ligero sin estridencias ni acordes rimbombantes, y sobre todo, dos voces que, a pesar del tono alto en el que se defienden, lejos de resultar dañinas, dotan a la composición general de un aire etéreo perfecto para ambientar cualquier situación. (Kaoru)
¿Habéis experimentado alguna vez el amor a primera vista? Desconocía este disco de Dark Captain Light Captain por completo hasta que a mi Kaoru se le ocurrió hablar de él. Zas, desde la primera escucha me atrapó por completo. Un álbum tranquilo y, sobre todo, bonito. Y a mí me gustan las cosas bonitas, qué le vamos a hacer. (Álex C)
Una canción: ‘Jealous Enemies‘ (youtube)