
Punk, art punk, post-punk, new wave, Magazine pasean fantasmales por tantas etiquetas que es difícil clasificarlos. El proyecto surgió de la mente inquieta y expansiva de Howard Devoto, que incómodo con las limitaciones técnicas y artísticas de su grupo, Buzzcocks, inició un camino en solitario que derivó en 1978 en este disco fabuloso, Real Life. Devoto optó por el eclecticismo y bañó la música de Magazine en múltiples referencias. En las canciones de Real Life hay glam rock, muy especialmente Bowie, y hay guiños a los sesenta. Pero, sobre todo, anida un nihilismo aterrador y una riqueza técnica e instrumental que influenciaría poderosamente a todos los grupos de la new wave en los ochenta.
Real Life es aún hoy imprescindible para comprender a artistas como Ariel Pink (en Mature Themes hay mucho de Magazine) o que siempre van más allá de lo evidente, valiéndose de teclados o secciones de vientos. Y sin embargo Real Life también es punk en la fiereza de ‘Shot By Both Sides’, ‘My Tulpa’ o en canciones descartadas y posteriormente reeditadas como ‘Touch and Go’. Devoto escondió el punk entre pretensiones intelectuales y artísticas, y el resultado fue un disco místico, intricado, difícil de comprender y ensoñador. Para el recuerdo dos canciones circenses y fantasiosas: ‘Burst’ y ‘Parade’, resúmenes perfectos del universo Magazine.
Wire y su disco debut, Pink Flag, es el sonido más punk que ha albergado una etiqueta tan amplia y a la vez tan poco explorada como el art punk. Posteriormente, el grupo londinense se centraría en la experimentación con sintetizadores y atmósferas oscuras, abrazando con irrefutable talento el post-punk en Chairs Missing y 154 y obviando la voracidad y simpleza aparente del punk. Sin embargo, Pink Flag es el ejemplo perfecto de cómo desde el punk había vida más allá de los mensajes llamativos y la estética provocativa. Alguien definió este disco como los Ramones van a la escuela de artes y no creo que pudiera encontrar una definición más exacta para lo que esconde y lo que muestra.
Desde la impresionante ‘Reuters’, una de las mejores canciones que han abierto un disco jamás, Wire se prodigan en ráfagas cortas y concisas, con letras muy ácidas y muy inteligentes y con una actitud que explora terrenos siempre, en teoría, vedados para el punk. Su sonido es divertido y al mismo tiempo inquietante. Su mensaje es decadente y al mismo tiempo reflexivo. Wire edifican este Pink Flag en torno a las guitarras rápidas y destartaladas del punk, y son capaces tanto de acercarse a sonidos industriales e imponentes (‘Strange’) como de ejecutar canciones power pop perfectas (‘Mannequin’). Pink Flag es el disco de punk definitivo.
No deja de ser sorprendente que fueran Television los padres del art punk y del post-punk, precisamente ellos, que habían causado un revuelo atronador tras su legendaria actuación en el CGBG neoyorquino y que siempre habían sido considerados uno de los pilares fundamentales de la primera ola del punk norteamericano. Pero la mente de Tom Verlaine no podía conformarse con eso, y necesitaba mucho, mucho más. Verlaine se despojó de Richard Hell para dirigir con mano de hierro Television e introducir en su sonido elementos del jazz y un virtuosismo a la guitarra sencillamente inimaginable para cualquier otro grupo que partiera del punk.
No os voy a engañar: Marquee Moon es mi disco favorito de todos los tiempos. Porque se arrima al punk sin querer (‘See No Evil’) para entrelazar guitarras hasta el infinito en melodías cristalinas (‘Venus’). Porque es expresivo, oscuro, tenso y filosófico (‘Friction’, ‘Elevation’). Porque es pop a su manera (‘Prove It’, ‘Guiding Light’). Y porque contiene La Canción: ‘Marquee Moon’, un universo cerrado, fantástico y adictivo que deriva en una progresión instrumental de más de seis minutos en el que Verlaine alcanza un grado de inspiración pocas veces visto en la historia de la música moderna. Marquee Moon es el sonido de la noche y el sonido del arte hecho pop. Es la perfección.
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