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El rock se ha acabado, ya no provoca impacto social de ningún tipo. Yo he vivido la música de los 70, los 80, los 90… siempre había al menos un par de bandas realmente grandes en cada época. Pero ¿ahora?. No hay absolutamente nadie

Dave Wyndorf es probablemente la última gran estrella del mundo del Rock. No ya tanto por repercusión en ventas o reconocimiento mayoritario del público sino por talento y, sobre todo, por actitud. Le tocó lidiar con unos años bastante duros para el Hard Rock y los rockeros a la antigua usanza, pero aún así logró gran parte de los objetivos que se había marcado, de los sueños que había tenido en la adolescencia. No llegó a lograr la fama que si alcanzaron otros como Genne Simons, Steven Tyler u Ozzy Ousborne, pero logró girar por todo el mundo y grabar vídeos con chicas ligeras de ropa contoneánadose a su alrededor. Y ese, había sido siempre su objetivo.

Probablemente esa actitud frívola y una imaginería en la que la estética de los años 70 (como década en la que nace la edad de oro del Hard Rock) tenía una presencia sempiterna jugaron en contra de un artista y banda que, sobre todo por lo mostrado en los años noventa, mereció mayor reconocimiento del recibido. Eran tiempos de tocar la guitarra mirándose los zapatos, de llevar camisas de cuadros y de sustituir la laca por un pelo grasiento pegado al rostro. Wyndorf y Monster Magnet no se ponían existenciales ni se compadecían por haber nacido jóvenes en un mundo comandado por sexagenarios, pues lo suyo, a pesar de ser conscientes de la realidad social en que vivían, era más pasárselo bien y criticar lo que sucedía a su alrededor con la ironía y los dobles sentidos como arma.

Muchos han sido los paisajes transitados y dibujados por Monster Magnet en sus ya casi 25 años de historia, pero sin duda ha sido el desierto el terreno en el que mejor se han movido siempre (aunque les granjeó la equivocada etiqueta de Stoner Rock cuando ellos siempre han jugado a otra cosa), ya sea en situación de tránsito o haciendo parada en uno de sus múltiples oasis. Hoy es momento de hablar de una de las etapas de su travesía. De aquella en la que dejaron atrás Tehachapi para cruzar el desierto con Las Vegas como telón de fondo. Sin drogas en el maletero pero con las drogas en la mente. Con drogas hasta el infinito.

Dejando atrás el underground con el Space Rock como arma

La mayoría lo aceptaron. Siempre habrá un pequeño grupo que prefieran ‘Superjudge’, pero en general el disco gustó mucho. Una vez más, busqué pulir el sonido de la banda, sin perder ese componente de Space rock psicodélico, en ‘Dopes…’ tienes ambas cosas, temas más directos, y canciones largas, con efectos y demás. Yo sabía que tenía muy buen material entre manos, así que me preocupé especialmente por conseguir un buen sonido. Creo que quedó un trabajo muy equilibrado, yo quería sonar Heavy, misterioso y psicodélico al mismo tiempo, y ese disco tiene esos tres componentes

Look to Your Orb for the Warning by Monster Magnet on Grooveshark

Y efectivamente, Dopes to Infinity fue el comienzo de un camino en el que Monster Magnet se marcaron como objetivo conquistar al gran público cambiando el inicial Space Rock por un Hard Rock de coreable estribillo y tremebundas guitarras.

Parcialmente insatisfechos por la escasa repercusión de un disco que ellos mismos y gente de la talla de Chris Cornell consideraban indispensable en una época en la que el Rock más clásico parecía estar de capa caída, Wyndorf y compañía comenzaron a trabajar en una respuesta a esa necesidad de pasárselo bien que parecía haber abandonado la juventud de inicios de los 90, pero la cual siempre estaba presente de forma intrínseca. Así fue como este trabajo cristalizó en Dopes to Infinity, un álbum que mantenía viva la herencia de los Hawkwind más lisérgicos, presente en su discografía anterior, pero la cual tuvo que compartir espacio con un Rock mucho más orgánico y directo, un ‘parásito’ que más adelante se haría con el control del organismo.

Y este importante y trascendental paso adelante cristalizó en el álbum más brillante que Monster Magnet grabarían en su carrera, y uno de los 10 álbumes imprescindibles para entender mi década de los noventa (algún día haré esa lista), encontrándose sus puntos fuertes en el equilibrio existente entre la vertiente más experimental y psicodélica de discos como Spine of God o Superjudge y el inmenso pelotazo Hard Rock que sería el siguiente Powertrip.

Guitarras potentes y rabiosas y un portentoso trabajo vocal solían servir de punto de inicio para unos temas que se desarrollaban con un ritmo lento pero aplastante y que solían cristalizar en jams aparentemente descontroladas (aunque con perspectiva se les encontraba todo el sentido) y en las que el fuzz era un eterno protagonista, como un gigante que dormía esperando que Wyndorf lo despertase en el momento adecuado.

Recuerdos bañados en ácido

Y tuve que explicarle toda la verdad sobre mi y sobre Monster Magnet. No paraba de decirme “Pero papá, he escuchado esto”, “he leido sobre ti en tal revista”, “me han dicho esta otra cosa”… Creía que su padre era un psicótico drogado 24 horas al día, asi que tuve que explicarle que yo jamás grabé una canción ni actué estando drogado. Escribí muchas canciones en base a recuerdos de colocones psicodélicos que tuve cuando era joven, pero nada más.

Para que la experiencia fuese completa, Dave Wyndorf decidió dedicar el aspecto letrístico a un tema que junto al Space Rock siempre ha formado un binomio inseparable. Siguiendo los pasos de los míticos Hawkwind. pero con una referencia teórica al LSD (según hemos podido saber bastantes años después) y no llevada a la práctica, Dopes to Infinity se define como un álbum con el que vivir la misma sensación que sentimos al juguetear con sustancias psicoactivas pero sin tener que visitar al camello de turno.

Con tal fin, y como hemos visto en películas como Miedo y Asco en Las Vegas, Wyndorf acudió a un ecosistema, a un entorno temático en el que la experimentación con psicotrópicos de su adolescencia e inicios de su vida artística adquirió la coherencia necesaria en conjunción con abundantes referencias al sexo femenino, la continua presencia del desierto (en lo sonoro y lo letrístico) y descapotables desde los que poder consumir mezcalina mientras nos acercamos a Las Vegas a corrernos la juerga de nuestras vidas, juerga que comienza junto a los efectos espaciales que acompañan al sabbathiano riff del tema homónimo.

Y todo ello sin caer en un cliché en el que oyentes y críticos prejuiciosos hundieron hasta las cejas a Monster Magnet. A pesar del halo de la guitarra de Tommy Iommi presente en todo el álbum, y del desierto y las drogas como telón de fondo, Dopes to Infinity (ni ninguno de los discos posteriores de los norteamericanos) no es un disco de Stoner Rock, ni en lo sonoro ni en lo conceptual. Evidentemente contiene elementos que pueden llevar a engaño al oyente o analista perezoso, pero a pesar de que éste es un álbum de transición hacia el Hard Rock de Powertrip, el Space Rock sigue siendo un protagonista con poso suficiente como para alejar determinados fantasmas.

Amor y odio, dos caras de la misma moneda

Porque estás en una ciudad diferente cada día, actuando como un maníaco en un local lleno de gente, con tus pantalones de cuero, sudando y gritando “Baby! Baby! Baby!”, y después del show las chicas te buscan y te dicen “¿cómo es eso del “Baby! Baby! Baby?

Dopes to Infinity by Monster Magnet on Grooveshark

Y a pesar de que la megalomanía de Dave Wyndorf sería un recurso que estallaría sin remisión en Powertrip, Dopes to Infinity se constituye como el paso previo necesario para la creación del monstruo. Continuas referencias a vivencias personales en lo ‘amoroso’ y lo lúdico son el vehículo utilizado por el vocalista y líder para desarrollar un papel con un protagonismo mayor del que se había podido apreciar en los dos álbumes anteriores y que ya provocaba que algunos arrugasen la nariz.

Monster Magnet no habían caído aún en los excesos, sonoros y letrísticos, que llevarían a muchos a calificarlos de posers, pero Dopes to Infinity significó una metamorfosis tanto para la banda como para Wyndorf, diseñando un camino ascendente y lógico hasta el mayor de los excesos y erigiendo al líder en una de las figuras más rutilantes del Rock de la época, cuestión que, como es evidente, generó tanto amor como odio.

Todo esto provocó que Dopes to Infinity fuese el mayor éxito comercial de Monster Magnet hasta el estallido de PowerTrip (y posterior deshinfle), uniéndose éxito comercial y la megalomanía de Wyndorf como factores que jugaron en contra del poso y trascendencia de un álbum que solamente una década después comenzaría a recibir las alabanzas que tenía más que merecidas.

Y es que, a pesar de los sentimientos encontrados al respecto de la figura de Dave Wyndorf, es normal que un álbum cuyo comienzo está compuesto por nada más y nada menos que Dopes to Infinity, Negasonic Teenage Warhead, Look to Your Orb for the Warning y All Friends and Kingdom Come, y en cuyo fondo se encuentran temas tan destacados como Dead Christmas o King of Mars, se acabe sobreponiendo a los odios que para un sector del público pueda suscitar su protagonista, y más si nos atenemos al hecho de que Wyndorf simplemente creó un personaje del cual se desligaba una vez se bajaba del escenario y al que utilizaba para criticar la decadencia de una sociedad como la estadounidense.

Como decía antes, no han sido pocos los que se han creado un concepto equivocado tanto de Monster Magnet como banda como de Dave Wyndorf como artista, concepto que ha llevado a muchos a minusvalorar la entidad de un álbum como Dopes to Infinity.

Hipersónica vota un 9,5Superados ya los 3 lustros del lanzamiento del álbum va siendo hora de que comencemos a valorarlo estrictamente por lo que ofrece y dejando los prejuicios infundados en el cajón de las cosas inútiles. Quizás con Powertrip éste sea un esfuerzo que muchos no estéis dispuestos a realizar (a pesar de ser un grandísimo álbum de Hard Rock), pero Dopes to Infinity cuenta con argumentos más que suficientes como para quedar por lo que es, el último gran álbum de Space Rock de la historia y el nacimiento de una incomprendida y minusvalorada estrella, Dave Wyndorf. Ya somos suficientemente maduros como para valorarlo, demostrémoslo.

Fuente: J.L. Fernández’s Blog

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