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Nick Cave

Échate un cantecito

Nick Cave es (oh, horror) un clásico… y está de vuelta. Dramático como pocos desde sus primeros discos tras la catarsis que se llamó The Birthday Party, ha dejado su poso en algunos de los mejores discos de las tres últimas décadas, aunque hay quien dice (yo) que el balance del nuevo milenio no parece tan excepcional, especialmente aventuras como Grinderman. Eso lo discutimos otro día, que ahora toca empezar repaso a su discografía junto a The Bad Seeds.

From her to eternity (1984): El Elvis de lo lúgubre

Inaugurado por ‘Avalanche‘, de Leonard Cohen, y con la versión de ‘In The Ghetto‘, de Elvis Presley, el primer disco de Cave con los Bad Seeds está marcado por esas dos maneras de entender el rock.

Por un lado, viven las atmósferas oscuras de Cohen, llevadas aquí a un extremo aún más lúgubre, aún con un punto de ese tremendismo desbocado de The Birthday Party (más goth-punk que post-punk aquellos). Claro, la versión Cohen es el momento más claro (cantada, por cierto, al modo en que Josetxo Bitxo atacaba sus canciones, sólo que prefiero la urgencia sexual de este que la psicópatica de Cave).

Por otro, la apasionada forma de interpretar del Rey se une en este disco al salvajismo vocal muchas veces practicado por Jim Morrison. En general, Cave no canta, no lo hará hasta mucho más adelante, sino que dramatiza cada canción. Quiere que el foco le deslumbre primero a él y luego controlarlo para dirigirlo a los ojos del público.

Que esté tan presente y que siempre quiera ser tan visible puede llevarnos a despreciar la importancia de los Bad Seeds en su obra. Mal hecho: Barry Adamson, Blixa Bargeld, Mick Harvey o Anita Lane son co-creadores de lo mejor que tiene ‘From Her To Eternity‘ (además de ese título soberbio): los requiebros sonoros que lo convierten en una experiencia sucia, cruda y malsana. Y muy quebrada y con sorpresas tras cada esquina… claro que ¿quién se atreve a recorrer todas las esquinas siendo el protagonista de una película de terror?

From her to eternity (1984) no es un disco perfecto, aunque el tiempo lo ha convertido en un intocable. Mi reacción ante él depende del día en que me toque escucharlo, de la situación, y uno tiene que saber que “los discos para situaciones determinadas” son buenos para eso, pero quizás no buenos del todo.

Ya lo dije una vez: si fuera una película, sería ‘La Matanza de Texas’ dirigida por Coppola y cambiando las vísceras por caras de desgarro.

The Firstborn is dead (1985): Grupo Salvaje

Un año después de su debut, Los Bad Seed y Cave se dan una vuelta por el sur de Estados Unidos y atacan su música con el virus del blues. No es nada nuevo: en The Birthday Party también había rastros, pero aquí el foco es más violento que terrorífico.

The Firstborn is dead es la vara que debería medir la tontería de Grinderman (ups, me prometí no hablar de eso aquí). Lleno de rincones tensos pero bien iluminados, es una obra que mide su desarrollo y su secuenciación con mucho cuidado. Que la explosiva ‘Tupelo’ (relato épico de la noche en que nació Elvis) lo abra con siete minutos deslumbrantes y que después llegue ‘Say Goodbye To The Little Girl Tree’ para esbozar sonrisas de malo de peli de David Lynch no es casual. Nunca es casual.

Los Bad Seeds son aquí más “grupo” que “gente que pasa por la canción para demolerla”, algo que sí hacían en su disco anterior. Para los amantes del blues, éste debería ser uno de sus discos preferidos. Para mí, que no lo soy, quedan demasiadas piezas por encajar en mi parte como oyente y me conformo con la alucinante ‘Wanted Man‘ (Dylan pasado de rosca, Cohen en modo fugitivo), la balada (¡laboral!) de ‘Knockin’ On Joe’ o la ya mencionada y siempre imprescindible ‘Tupelo’.

Si fuese una película, sería ‘Grupo Salvaje‘ convertida en falso documental por D.A. Pennenbaker, con Drive-By Truckers en los papeles estelares del Wild Bunch y sin llegar a México.

Kicking against the pricks (1986): el fantasma de las Navidades del futuro

Concebido com un disco de versiones, el tercer paso de Bad Seeds (el cuarto, según coloquemos Your Funeral, My Trial) va mucho más allá de ese concepto inicial porque permite la entrada de nuevos aires. Y es, posiblemente, el primer vistazo que nos deja ver Nick Cave de su yo futuro, ese crooner clásico y hasta romántico

Ya ‘Muddy Water‘, canción que abre el disco, deja ver a un Cave más comedido de lo que nunca ha estado, con un piano donde cada tecla marca los compases de ese futuro que llegará entre diez y quince años después.

Es como si al chico siniestro que amenazaba con suicidarse al frente de los Birthday Party le hubiesen dado una pizca de Prozac para transformarlo en un doble de Leonard Cohen. No sé si para los Bad Seeds el Prozac sería suficiente, pero toda la banda se contagia de este nuevo concepto y las sonoridades del disco se alejan de lo que habíamos visto y oído y se convierten en colchón agradable, gozoso (con todo lo que esto conlleva).

Su música, cocida a fuego lento y sin explosiones rabiosas, llega a sonar con agrado circense y juguetón(’Sleeping Annaleah‘) o como versión amable de lo que nunca fue agradable ni convencional (’All Tomorrow Parties‘).

Si fuese una película, Kicking against the pricks sería ‘Drive‘ proyectada, con risas pregrabadas, en el night club donde Isabella Rosellini cantó para David Lynch.

Your funeral… My Trial (1986)

El inicio de Your Funeral… My Trial es la canción que le da nombre y también el reconocimiento de que Nick Cave está aprendiendo a gran velocidad: ahora ya sabe que tiene dos maneras ideales de impactar al oyente, la calmada y la furiosa. El disco tiene tan claro eso que divide las canciones y, de hecho, fue editado originalmente en formato de doble maxi-single.

Algunos lo consideran la obra cumbre de Cave, pero yo prefiero decir que es el primer disco donde quiere disfrutar. No porque los anteriores hayan sido desdeñables o aburridos, que ya hemos visto que no, sino porque el australiano ya ha montado su propio canon artístico y empieza a juguetear con él. Y es en el juego donde siempre están las claves de todo.

Su oscuridad vocal y lírica aparecen más contenidas que de costumbre (aunque, ojo, que las letras de Cave pueden dar para mucha comedia) y los Bad Seeds (aquí cuarteto, que Barry Adamson aparece poquito) se suman a la línea para crear capas, pero difuminar las aristas y los cambios. ‘Stranger Than Kindness‘ es un claro ejemplo de cómo han conducido en el grupo las diferencias entre estas canciones y las de From Her To Eternity.

The Carny‘, con su atmósfera de circo de freaks, perdura en el recuerdo como momento cumbre, aunque no podemos olvidar esa preciosa canción de amor ribereño que es ‘Sad Waters’: su falsa dulzura es de lo más emocionante que Bad Seeds han hecho nunca.

Si fuese una película, sería ‘Cuenta Conmigo‘ dirigida por Todd Browning y con la dirección artística de los creadores de ‘Carnivale‘.

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