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planeta distante

La suavización de las modas se ha ido dando a lo largo de la historia de forma reiterada. Ahora mismo generalizar es absurdo puesto que hay mil sonidos allá donde busques, la riqueza es mayor que nunca. En cambio, si nos centramos en las tendencias masivas podemos saltar directamente a la música electrónica de los 90 para trazar una línea que suele llevarnos desde los momentos más álgidos apoyados en la violencia, en el ímpetu y en la fuerza a una dócil mascota que en su día lo mismo buscaba morder y ahora juega con un peluche de goma. Dicho proceso podría estar dándose de nuevo en estos momentos y haberse iniciado hace ya unos cuantos años.

De ladridos a caricias

En los 90 se pasó, de forma amplia y generalista, cuando estos estilos alcanzaron su mayor popularización, por el Acid House, después el Hardcore, seguimos con el Drum and Bass y el Jungle, el Big Beat, el UK Garage del cual surge el 2-step a finales de los 90 pero triunfa entrado los primeros años del 2000. Al Trance me lo zampo tranquilamente porque nunca ha sido un sonido que me haya ganado ni me he metido con ello.

Entre medias de esos estilos el Downtempo va colándose y logrando las versiones más amables y asequibles de cada uno para un público más generalista o simplemente a favor de sonidos calmados. El Trip Hop triunfa a mediados de los 90 a mayor nivel y acaba muriendo de asfixia solo por lo insufrible de una fórmula tan reiterada y anodina. Lo mismo ocurre con el Chill-Out que entre esa época sube como la espuma con recopilatorios que daban vergüenza solo al verlos. Aún así logran llegar hasta casi acabada la década. Como el Cid, pero llegan.

Se pasa de un comienzo de década en la que dominan los sonidos más bestias a un final digno de una cerveza sin fuerza y puesta al sol durante cuatro horas. Casualmente a los años siguientes la rueda sigue y vuelve la tendencia cíclica a emerger a la superficie los sonidos más duros que tienen su sitio por abajo, en el llamado underground. Aunque en este caso yo me refiero más bien a sonidos alejados de una comercialización masiva, sonidos que no eran escuchados por todos.

Nos dejamos de tanto 2-step edulcorado y cansino para ir hablando de Dubstep. El Grime se lleva de calle la mala hostia que empieza a respirarse. Los sonidos oscuros van ganando terreno a cualquier amapola preciosísima puesta sobre una portada de aquellos digipacks desplegables con una canción de Moby al lado de una de los Massive Attack buscando la inspiración verde. Ambos géneros tendrán su eclosión popular a finales del 2000.

Ahora bien, desde unos años, pocos, a finales de la década del 2000, y sobre todo, ya entrando la siguiente década, comienza de nuevo la suavización de dichos géneros. El Dubstep se quema, o más bien es quemado por hartura de de medios, sellos y artistas clonados, y comienzan con la moda tan efímera como los discos que se incluyeron en ella: surgió el Post-Dubstep. Adiós a esa violencia y calle en llamas. Hola Downtempo de los 90. Nota: hoy ya nadie habla del Post-Dubstep (¡ni dos años duró!) y sí del Future Garage donde a veces tanto monta, monta tanto. Otras no, claro.

El nuevo Usher, el nuevo Mesías

El Grime también pedía la hora mientras ganaba enteros la búsqueda de un nuevo Usher por parte de la industria musical. En esa lucha Drake llevó hasta hoy todos los boletos para que le toque el premio gordo. Tras él Universal. Oh, casualidad. Usher era de Arista y ahora de RCA, subsello de Sony. Oh.

Digo que llevaba todos los boletos porque en este 2012 otro pesado de cuidado le busca quitar el puesto de artista del año del R&B meloso, hortera y edulcorado; y no la edulcoración de los 60 vía Motown, no, peor aún. Él es Frank Ocean. Que encima ha crecido haciendo una mixtape (mixtape producida por productores como Tricky Stewart quien ha trabajado con Christina Aguilera o Britney Spears, pero mixtape que se vendió tope indie). Le falta ser británico para molar más. De los suburbios de Londres. California es muy mainstream. Ahora ya está en el círculo de Def Jam. Propiedad de… redoble de tambor: Universal. Por lo que Universal tiene a los dos gallitos para hacer una pelea con pañuelos gratis a la entrada para quien se emocione con las sentidas canciones.

Mientras, en el llamado underground (que hace tiempo que no es tal) el UK Funky ha pasado a ser el nuevo R&B de la MTV para modernos que en su día bien podrían escuchar este sonido vía Usher y demás acólitos. Las tres letras que en los buenos tiempos significaban una música pasional, con energía y reivindicación, como era el Rhythm & Blues tienen nueva reencarnación. Este año podemos encontrar a Cooly G y a Scratcha DVA como representantes de dicho sonido que evita todo rastro de Funk y de la violencia que lo meten Funkystepz, situados en otro lado del ring, así como Champion o Ill Blu, por citar otros dos con nueva referencia en 2012.

A esto hay que sumar la progresiva entrada del Pop a determinados géneros electrónicos de lo que ya hablé hace poco. Al final me extraña cómo no hay un género masivo estilo Hardcore que triunfe entre el gran público como hace años -dejando la macarrada de Moombahton de lado, que no ha dado el salto masivo y lo de Skrillex es todo menos algo representativo. Contexto hay, en cambio parece que por la música tan “agradable” estemos viviendo unos años de prosperidad como sí fueron los años 90.

Esto son más bien pinceladas de brocha gorda, con mil imperfecciones por el camino para una hipótesis que al final lo único que viene a decir es esa suavización de géneros anteriormente duros convertidos en dóciles en otras manos, uniendo esto a un consumo movido por un oyente que esta vez no se encuentra en un contexto favorable, por lo general, sino más puteado que hace años. El Juke está aún muy lejos de generalizarse pero no veo otro sonido con tirón y apoyo de una escena ya creada que pudiese ilustrar ahora mismo el conflicto que en su día sí representaron otros movimientos.

Otra opción es que estos géneros acaben convertidos en el Soul y el Funk actuales, el llamado Neo-Soul y otras variantes, que nada tienen que ver con aquellas buenas épocas de décadas anteriores, fenómeno que nunca acabaré por entender. Desarrollos simplistas en la mayoría de los casos y carentes del mensaje que en su día sí tenían. Reivindicativo o no, pero un mensaje más que una partitura que replicar.

Foto | Animal Planet
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