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Titus Andronicus

Albert Camus, William Shakespeare, Paul Westerberg, Jeff Mangum, Bruce Springsteen, Jerry Seinfield. El mundo simbólico y referencial de Titus Andronicus les hace ser una banda especial y fascinante. No son solo sus discos, ya de por sí lo suficientemente impresionantes, sino también su honestidad artística, humor irreverente y discurso generacional. El teen angst, la desazón existencial, la lucha contra un mundo que es absurdo y el liderazgo inevitable de todos los que alguna vez se sintieron unos perdedores. El pasado viernes anunciaron la publicación de su tercer disco, Local Business, y hoy en Hipersónica repasamos la trayectoria de un grupo que conquistó nuestro corazón.

Nacer en Nueva Jersey y cantarle a la derrota

Titus Andronicus es Patrick Stickles y todo lo que le rodea. Conforme avanzan los años y los cambios en la formación se hacen más frecuentes, parece más evidente que Stickles capitaliza todo el talento compositivo del grupo. Desde que la banda naciera han pasado por ella dieciocho músicos, contando a los cinco que actualmente participan en Titus Andronicus: Patrick Stickles, Eric Harm, Liam Betson, Julian Veronesi y Adam Reich. En el camino se han quedado tres de los que colaboraron en The Monitor, el bajista original de la banda y gran amigo de Stickles y un miembro actual de Real Estate.

Cabe entender que la voracidad y virulencia musical de Titus Andronicus termina con sus propios componentes. O que todos tratan de huir de sus orígenes, Nueva Jersey, probablemente el peor estado en el que pueda nacer un americano. La temática de los orígenes y de cómo determinan el carácter del individuo está presente a lo largo de toda la obra de Titus Andronicus. Son varias las canciones que hacen referencia a formar parte del nada exclusivo club de perdedores y de cómo todo sería diferente si en vez de Nueva Jersey hubiéramos nacido en Carolina del Norte.

Titus Andronicus hizo de sus orígenes un valor artístico. Es un concepto capital dentro de su música. Y es una piedra más dentro del conjunto arquitectónico repleto de ideas, proclamas y reflexiones existenciales que da forma a su obra. No todos los grupos contemporáneos son capaces de definir de manera tan solvente su temática, de ser profundos y al mismo tiempo accesibles, de canalizar emociones en torno a un acorde y pensamientos en torno a una estrofa. Y fue así desde la propia elección del nombre. Una obra teatral de Shakespeare, Tito Andrónico.

Stickles ya explicó en su día que los inicios del grupo no son demasiado diferentes a los de cualquier otro. Un par de amigos (él, Ian Graetzer y Liam Betson, todos ellos de Glen Rock) entablan relación vía amistades comunes con el batería Eric Harm y el teclista Dan Tews. Eso fue en 2005. Ese mismo año publican un pequeño EP homónimo y se ponen a dar conciertos por pequeñas salas. Tres años y múltiples cambios de formación después publican The Airing Of Grievances en el sello local Troubleman Unlimited Records.

The Airing Of Grievances: la redefinición del pub rock

PS Stickles, con la camiseta de Diarrhea Planet, grupo con el que han colaborado.
El disco tiene una recepción espléndida por parte de la crítica y de otros sellos discográficos. Tanto que XL Recordings ficha al grupo y reedita The Airing Of Grievances un año después de su publicación, en 2009. Había motivos de peso en el disco para apostar por Titus Andronicus. De nuevo, los nombres de las canciones y del propio larga duración eran importantes. The Airing Of Grievances es una referencia a la nunca lo suficientemente ponderada serie televisiva Seinfield. En el interior había más y más referencias al mundo exterior: ‘Upon Viewing Brueghel’s “Landscape With The Fall Of Icarus”’, ‘Fear And Loathing In Mahwah, NJ’, ‘Albert Camus’.

Dos años después, en una entrevista después de publicar The Monitor, Stickles explicaría así por qué el universo de Titus Andronicus es tan abusivamente referencial:

Hay algo llamado contexto. Contexto, contexto, contexto. Y sin él, sólo consigues desastres. Esta banda no existe en el vacío o en una burbuja. Tratamos de alcanzar los niveles más altos de transparencia. Y todo eso de lo que cantamos y a lo que referenciamos, quizás no sea una simple broma, sino que realmente conforma nuestra vida de maneras muy diferente, ya sea Seinfeld, Springsteen o cualquier otra cosa de la que hablemos.

No es tan común que una banda reconozca y pregone sus influencias y todo lo que les hace ser del modo que son y tocar del modo que tocan. El indie pop contemporáneo vive recluido en su propio mundo interior. Algunas bandas parecen sentirse molestas cuando son comparadas con otras que en tiempos pasados hicieron lo mismo que ellas. Viven recluidas en el vacío o en una burbuja, como explica Stickles. Titus Andronicus desprecia la introspección. Su elegía tabernaria y de épica borrachuza es emocional, sí, pero no lo es desde un punto de vista intimista. La música de Titus Andronicus está pensada y ejecutada para la socialización.

The Airing Of Grievances contenía tantas virtudes temáticas como musicales. Titus Andronicus redefinieron el pub rock. Había similitudes más que evidentes con el folk de raíces y de alcohol de The Pogues. Y, en una comparación más reciente, las canciones estaban bañadas en el mismo espíritu punk que las de Against Me! De hecho, el punk es una parte importante de Titus Andronicus. No tanto en el plano musical como espiritual. La urgencia y el nihilismo se conjugaban con el aire depresivo y tremendista del alcoholismo desesperanzado y del legado musical de The Pogues.

Todo ello desde la baja fidelidad, porque The Airing Of Grievances es un disco eminentemente lo-fi. Eso sí, no el lo-fi lánguido y delicado del universo Captured Tracks, sino el lo-fi como vehículo para expresar emociones salvajes y grandilocuentes a la manera de Neutral Milk Hotel. Pero si hubo un artista continuamente citado a la hora de hablar de ellos ese fue Springsteen, tanto por su procedencia (también es de Nueva Jersey) como por la jarana instrumental, e incluso apegada a las raíces, de sus discografía.

En todo caso, la influencia más importante no es sónica sino literaria. Albert Camus y su obra cumbre, El Extranjero, sobrevuela todas las letras de Stickles. Sin embargo, aquí Meursault no es un frío ser humano que se rebela contra el mundo absurdo que le rodea desde la indiferencia, sino que se convierte en un adolescente incomprendido que, desde la hipérbole emocional, expresa su angustia y su violencia hacia la humanidad. ‘Arms Against Atrophy’ o ‘Titus Andronicus’ están destinadas a perder las cuerdas vocales en ellas como resultado de todo lo anterior.

The Monitor: el paso de gigante que era inevitable

T en directo El grupo gira con frecuencia y anunciarán nuevas fechas dentro de poco.
Como os dijo probertoj, Titus Andronicus solo tenían un modo de afrontar el segundo disco: desde la exageración de la exageración. Un inevitable paso de gigante. Hacerlo todo más, y más grande. Las canciones en The Airing Of Grievances ya se les alargaban y escondían otras canciones dentro de sí mismas más de lo normal. Y desde el universo de Stickles todo aquello no podía tener más que una salida: temas que son cinco, instrumentos de todo tipo, progresiones dignas de Arcade Fire y un concepto como hilo conductor del disco. Aguas bravas.

Titus Andronicus se guardaron mucho de ahogarse. The Monitor podría haber sido un fracaso pero resultó una obra maestra. Un disco basado vagamente en la Guerra Civil americana que ahora se miraba en Dinosaur Jr., en The Replacements, más que nunca en Neutral Milk Hotel y en Spider Bags. Suena pretencioso y, de hecho, es pretencioso. Pero solo las pretensiones aburridas pueden ser condenables. Y Titus Andronicus no es un grupo aburrido. Puede que sea depresivo. Puede que sea excesivo. Puede que sea tremendista. Pero definitivamente no es aburrido.

Ahí está ‘A More Perfect Union’ para confirmarlo, que tiene media docena de cambios de ritmo, discursos de Lincoln, enérgicas progresiones, rasgueos de guitarra borrachos de fuzz y coros ebrios de épica para perdedores. Es un hit incontestable de más de siete minutos que parece no terminar nunca. Stickles logró rizar el rizo de un modo inimaginable y, en su genial demencia, ideó una canción dividida en cinco actos que, a su vez, quedaban fragmentados en distintas canciones. No en vano, The Monitor no contiene ni un segundo de silencio desde el inicio de ‘A More Perfect Union’ hasta el final de ‘A Pot In Which To Piss’, que da paso al segundo acto del disco.

Todo en The Monitor está ideado y ejecutado con milimétrica precisión. Y resulta extraño, porque Titus Andronicus no es un grupo en absoluto delicado. Todo lo contrario. Hacen de la brutalidad virtud y tocan con fiereza cualquier instrumento, ya sean violines, cornos franceses o pianos destartalados. Y Stickles, claro, canta desde la angustia y la desesperación depresiva y al mismo tiempo eufórica, en una extraña mezcla que sólo puede generar el alcohol y que da como resultado himnos para perdedores decadentes como ‘Titus Andronicus Forever’, ‘No Future Part Three: Escape From No Future’ o la espléndida ‘Richard II’.

Y luego están las letras. Stickles es un compositor repleto de talento. Lo que en The Airing Of Grievances tenía demasiado de alegato adolescente sin mucho fundamento cobra en The Monitor un sentido conceptual y generacional. Stickles agita a sus compañeros y todos entonan frases lapidarias gritadas, que no cantadas, desde el jolgorio verbenero de todas las canciones. Siempre serás un perdedor. El enemigo está en todas partes. Dónde están todos tus amigos ahora. Nunca has sido virgen, naciste jodido. En este sentido, ‘A Pot In Which To Piss’ es brutal. En ese momento hace acto de presencia, por primera vez, el piano, y The Monitor pasa de ser un buen disco a un disco glorioso.

Las canciones toman otro tono. Pierden jarana. Son menos urgentes. Se van por senderos algo más delicados. Evolucionan. Son más complejas. El ejemplo definitivo es ‘Four Score And Seven’, que a ratos se pasa de previsible y a ratos se pasa de excesiva. Especialmente al final, en el, posiblemente, momento más rabioso y feroz de todo el trabajo, cuando Stickles, perdido entre una maraña de múltiples guitarras desvariando en modo fuzz, repite hasta quedarse sin aliento lo de “it’s still us against them” y luego remata, totalmente desesperado y derrotado, “and they are winning”.

Deberíais escuchar The Monitor sólo para disfrutar de ese momento, que es uno de los mejores que ha regalado el indie rock contemporáneo en los últimos diez años. Es una barbaridad que te empuja sin remedio a sufrir y gritar, cabreado sin saber muy bien por qué, junto a Stickles. Es una genialidad. Luego llega la elegía folk punk de raíces irlandesas de ‘Theme From Cheers’ (lo siento madre, estoy bebiendo otra vez, es autobiográfica y canta con él Dan McGee, referenciado en ‘A Pot In Which To Piss’ y cantante de los muy reivindicables Spider Bags), la balada ‘To Old Friends And New’ y ‘…And Ever’, versión de ‘Titus Andronicus Forever’ puro Exile on Main St.

Titus Andronicus y su relación con el mundo

Mención aparte merece ‘The Battle Of Hampton Roads’. Catorce minutos, infinitos cambios de ritmo, miles de canciones en una sola, grandilocuencia, épica, gaitas para momento apocalíptico-sentimental y todo The Monitor expandido en sus estrofas. Evidentemente Titus Andronicus no conocen la palabra concreción. Pero es lo de menos. The Monitor es un viaje alucinante y extasiado al que siempre deberíamos volver. En el camino vemos cosas realmente horribles y, sin embargo, volvemos redimidos no sabemos muy bien de qué. La experiencia del folk punk en más de una hora.

De Local Business podemos esperar muchas cosas pero será difícil que esté a la altura de su predecesor. No importa. Es complicado. El grupo ya ha anunciado que no será un disco conceptual y eso es una estupenda e inteligente decisión. Se centrarán aún más en la lucha del individuo contra el mundo absurdo que les rodea y también han dicho que tratarán de ser más optimistas. La producción, tan espléndida en The Monitor, se verá reducida a un par de detalles. Local Business es un disco de directo. Más urgente, posiblemente.

Titus Andronicus es una banda generacional. Es tentador caer en sus garras y adorarles incondicionalmente. Yo lo he hecho. Y no solo por su música, sino también por cómo Stickles ha decidido que la banda se relacione con el mundo. Además de la página oficial de XL Recordings, Titus Andronicus tienen: una cuenta de Twitter; un blog con información de la banda más o menos formal; un blog informal que hace las veces de bitácora personal de Stickles en el que escribe extensísimas entradas el universo; un Tumblr donde han subido mixtapes, vídeos de actuaciones en directo con las nuevas canciones y la noticia del nuevo disco; una cuenta en YouTube donde podemos encontrar vídeos caseros del proceso de grabación de The Monitor.

Su imagen son ellos mismos, tan excesivos como son al natural. Stickles suele armar bastante jaleo en Twitter, recomienda a artistas que son amigos suyos y que le encantan (Kurt Vile, Real Estate) y tiene un sentido del humor divertidísimo. Total, que si su música te parece un peñazo es imposible que te caigan mal, y si su música te encanta los adoras aún más. Es parte de su forma de ser, de su transparencia y honestidad natural, de, pese a describirlo desde lo absurdo, su manera de interactuar con el mundo. Son magníficos y admirables por todo ello y, claro, por su música.

Titus Andronicus en Hipersónica

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