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Wilco

I dreamed about killing you again last night, and it felt alright to me.

Jeff Tweedy podría haber soñado con matar a todo el mundo poco después de la publicación de Summerteeth. La cita que encabeza este artículo, el primer verso de ‘Via Chicago’, podría haber ido dirigida directamente al corazón de Jay Bennett; o podría haber sido una advertencia a Time Warner; o podría haber hablado del propio Tweedy y de sus insoportables migrañas; o podría haberse referido a un siglo que llegaba y que, para bien o para mal, lo cambiaría todo; o, en definitiva, podría haber profetizado lo que Tweedy quería hacer con Wilco y con su música: asesinarla y reconstruirla. Escribir Yankee Hotel Foxtrot.

Wilco: ahora que todos somos viejos

Yankee Hotel Foxtrot no cumple hoy exactamente diez años. En realidad, su grabación se gestó entre finales del 2000 y principios del 2001 y fue colgado en la web por la propia banda a principios de otoño de ese último año. Por lo que sería inexacto incluso hablar de 2002 como el año en que Wilco publicó el, a la postre, álbum más reconocido y memorable de toda su carrera. Sin embargo, las cosas con Yankee Hotel Foxtrot nunca fueron tan sencillas ni se adaptaron a los cánones musicales más elementales: del mismo modo que se trató de un disco atípico en su gestación, resultó fallido en su publicación. Es lo mismo, en todo caso, que no sea 2012 el año de su décimo aniversario.

Eso no es lo importante. Porque en realidad sí podemos hablar de aquella década y de lo que pudo suponer o no Yankee Hotel Foxtrot. Supongo que es demasiado pronto, pero no sería temerario hablar ya de la década de los 00 desde la perspectiva histórica. Fue una década de cambios abruptos, de profecías autocumplidas, de caos creativo, de crisis, de discos que sólo a ratos lograrían colarse en una hipotética lista de lo mejor de todos los tiempos. No sirve establecer una continuidad temporal entre el siglo XX y el siglo XXI: la pasada década nos trajo nuevas reglas, y por eso deberíamos dejar de comparar ya la música del hoy y la música del ayer. Simplemente no son lo mismo.

Por eso ahora que somos viejos y que Wilco han pasado a llenar artículos sobre las clases sociales redescubiertas, el elitismo burgués del indie rock y el rechazo generalizado del espectro que una vez fue alternativo, resulta necesario recuperar el halo de Yankee Hotel Foxtrot. O al menos ponerlo en su justa medida y reivindicar su sentido melódico quebradizo o su ruidismo vanguardista. Puede que Wilco no hicieran nada especial, pero sí lograron al menos captar la presunta complejidad de su tiempo. Jeff Tweedy estuvo en el lugar y en el momento exacto, y por eso hay quien ha querido ver en Yankee Hotel Foxtrot el sonido de una generación y de un siglo que estaba por (de)construir.

Más allá de todo ello, Yankee Hotel Foxtrot es un disco de historias para compartir. Es un disco emocional, en tanto que se puede bucear entre los sentimientos que ofrece y palpar el dolor, la angustia o la alegría agridulce que relata Tweedy y el resto de la banda. Wilco no sólo lograron realizar un disco complejo desde un punto de vista estrictamente musical, sino que llevaron la vanguardia o la experimentación al campo de lo mundano. Allí donde otros discos se perdieron por ser demasiado intrincados, Yankee Hotel Foxtrot conectó con el mundo real. Y ese y no otro es su gran legado.

La grabación más amarga de Jeff Tweedy

Wilco ya habían roto con los mimbres del country en Summerteeth, donde las aspiraciones artísticas de Jay Bennett llevaron al grupo más allá de lo que en un principio se podría haber previsto. A.M. y muy especialmente Being There eran discos clásicos entre los que Tweedy, tras su aventura en Uncle Tupelo, introducía pequeños destellos de ruptura y atrevimiento. Pero no fue hasta Summerteeth cuando Wilco dieron un paso más allá: la historia del metrollón de Bennett, las capas y capas de ruidos y efectos sonoros, la inusual frescura pop de la mayoría de sus canciones. Wilco ya eran otra cosa.

A partir de Summerteeth, Wilco querrían seguir siendo aún más otra cosa diferente a lo que eran. Y para ello, Jeff Tweedy se embarcó en el proceso de grabación más autodestructivo, emocionalmente inestable y voraz que la banda había sufrido jamás. Todas las experiencias vividas durante la grabación y publicación de Yankee Hotel Foxtrot quedaron plasmadas en el documental en blanco y negro ‘I Am Trying to Break Your Heart: A Film About Wilco’, dirigido por Sam Jones. En él se plasma en dos niveles hasta qué punto resultó compleja la creación de Yankee Hotel Foxtrot y cómo, por el camino, Wilco terminaron con muchas de sus relaciones:

  • En un primer nivel, Yankee Hotel Foxtrot supuso la ruptura con AOL Time Warner. La discográfica subsidiaria, Reprise Records, rechazó publicar las grabaciones de Wilco al considerarlas poco comerciales. La discográfica no entendió en ningún momento el nuevo sonido de Wilco ni la férrea decisión de sus integrantes de no desligarse ni un milímetro del resultado original. Wilco contaban con su disco grabado pero no tenían con quién publicarlo, así que Tweedy, tras valorar y rechazar a otras discográficas, optó por colgarlo en la red. ¿El resultado? Un éxito apabullante que les llevaría a una gira exitosa en términos económicos y a firmar un año más tarde un contrato con Nonesuch Records… subsidiaria de AOL Time Warner.
  • Por otro lado, Yankee Hotel Foxtrot supuso la ruptura definitiva entre Tweedy y Bennett. Las desaveniencias personales se mezclaron con las artísticas, especialmente tras la decisión del primero de delegar la mezcla de las canciones en el músico y productor Jim O’Rourke. Cuenta la leyenda que, en contra de la opinión popular, O’Rourke fue quien tuvo que parar los pies experimentales de la banda y no al revés. Sea como fuere, los conflictos entre O’Rourke y Bennett, quien también quería mezclar las canciones, fueron constantes. Todo ello en un ambiente viciado, donde Bennett chocaba con Tweedy por detalles minúsculos (la transición entre ‘Ashes of American Flags’ y ‘Heavy Metal Drummer’) y Tweedy se consumía entre sus terribles migrañas.

¿Y cuál fue el resultado de semejante montaña rusa de emociones?

Estaciones de números e himnos no-rock

YHFLa experimentación amable, el malabarismo sonoro, la depresión, un nuevo milenio. Las mezclas de O’Rourke dieron resultado y todas las ideas que Tweedy y Bennett tenían en la cabeza sonaron mejor de lo que la propia banda había esperado. La llegada de Glenn Kotche apuntaló un proyecto que nacía roto. Y como tal Yankee Hotel Foxtrot sonaba roto: por la propia ruptura de sus creadores; por la ruptura con el sonido de Wilco; por la ruptura con la industria; por la ruptura con el siglo que quedaba atrás. No es una metáfora, Yankee Hotel Foxtrot suena roto literalmente.

El concepto de ruptura seguirá siendo esencial en Wilco hasta Kicking Television, el disco en directo que aunó lo mejor de Yankee Hotel Foxtrot y A Ghost Is Born, los dos mejores discos del grupo. O al menos los dos en los que más horas he pasado y los dos que mejor me conocen. En el caso del primero, tiene mucho que ver cómo Kotche dirige la batería en ‘I Am Trying to Break Your Heart’, la canción que abre el disco entre siete minutos de capas de ruidos indescifrables y lamentos de Tweedy. Es probable que sea la mejor canción que Wilco hayan escrito jamás. O es probable que sea la que mejor mensaje haya transmitido: mírame, estoy aquí, destrozado, tratando de romper tu corazón.

Los acordes acústicos de ‘I Am Trying to Break Your Heart’ tendrán continuidad a lo largo del disco: la velocidad tranquila de ‘Kamera’, la alegría triste de ‘War on War’, la melancolía sonriente de ‘Pot Kettle Back’. En general, Yankee Hotel Foxtrot es un disco sin sobresaltos aparentes. Tweedy canta monótonamente, hastiado, triste, y las canciones parecen surgidas del recogimiento y la emoción más sincera y también apagada. No hay histeria ni exageración. Pero tampoco austeridad: desde postulados casi artesanales, Wilco revisten sus temas de mil rincones sonoros que parecen aparecer de la nada a cada escucha. Este era el rock del nuevo milenio, y era insuperable.

Yankee Hotel Foxtrot es un disco para el invierno. También está plagado de recuerdos, aunque esos recuerdos no se hayan generado junto a sus canciones. También cuenta con las fascinantes estaciones de números que repiten mecánicamente “Yankee Hotel Foxtrot, Yankee Hotel Foxtrot, Yankee Hotel Foxtrot”. También guarda la canción más elegante de la década, ‘Jesus Etc.’. También tiene baladas aterradoramente sinceras (‘Radio Cure’, ‘Poor Places’, ‘Reservations’). Yankee Hotel Foxtrot es un disco para vivirlo en la intimidad de uno mismo. Y un disco para una generación asustada y dispersa que el paso del tiempo sabrá poner en un lugar privilegiado.

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