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Especial NV

Recuerdo a aquel niño, disfrazado de Cowboy./ Sus pistolas no sonaban en la película Super 8./ Y ahora se oyen en estéreo/ en el largo de la vida real”. Dichos versos pertenecen al tema ‘Super 8’ publicado por Manolo Tarancón en Más Allá de Uno Mismo (2008, Comboi Records) y resumen en una estrofa lo que Nacho Vegas desarrolla en dos cedés. La ambición de desarrollar un mundo propio de manos de un artista que se estaba convirtiendo en aquel niño disfrazado de Cowboy, en aquel niño que escuchaba a Nick Cave y al que cada paso dado le servía para mejorar el siguiente.

Cajas de Música Difíciles de Parar (2003, Limbo Starr) es el tercer trabajo en la carrera del gijonés. Justo dos años después de haber publicado una de sus obras de referencia, Actos Inexplicables (2001, Limbo Starr), avanza un largo camino y firma su mejor álbum hasta la fecha. Y en mi opinión, una de las obras cumbres de la década del 2000 en España.

Este doble álbum tiene todos los elementos para seguir agrandando su mito, pero sobre todo, tiene a un escritor que se encuentra a la vez tras las letras y tras la música, dando vida a su personaje maldito, poniendo en cada verso sus vivencias personales y sus historias ficticias.

Cajas de Música Dificiles de Parar, portadaLas referencias literarias de Nacho Vegas entroncan con la corriente de los artistas malditos y negativistas. Nombres como Michel Houellebecq, Fernando Pessoa aparecen en las canciones del gijonés como referencias para la comprensión de textos cerrados y duros.

En la producción también supone un nuevo escalón. La labor de Paco Loco en Actos Inexpicables (2001) anticipaba una unión que hasta hoy no ha fallado con frutos espectaculares. Los posos que Vegas tenía antes de lanzarse en solitario tras su separación en 1999 de Manta Ray son evidentes en este doble álbum, explotados hasta el último resquicio por el productor afincado en el Puerto de Santa María.

Así las canciones se llenan de guitarras distorsionadas, de slide guitars y de varios niveles sonoros en la producción. Todo fruto de la trayectoria de Vegas, con Eliminator JR y los mencionados Manta Ray como punto principal; dejada en manos de un hombre como Paco Loco, con una cultura musical bastísima, maestro en todos los estilos musicales y principalmente en los que implican este tipo de arreglos, con un rock heterogéneo mezclado a partir de cualquier estilo.


Nacho Vegas – Noches Árticas (YouTube)

Pero un álbum doble de 20 temas tiene sus inconvenientes y aquí es cuando Nacho Vegas arriesgó más que nunca. La viabilidad comercial de un álbum así es casi mínima, por no decir nula. Ninguna discográfica apuesta por ellos ni ningún artista los busca. En cambio, hay ciertos nombres que llegado su momento necesitan publicarlo. Y aquí es donde el gijonés se acerca a Lou Reed, Tom Waits y compañía por la puerta grande.

Cajas de Música Difíciles de Parar puede antojarse largo, no obstante dura casi una hora y 50 minutos, puede ser una marisma donde todos los temas de la sociedad occidental se van dando cita (muerte, vida, sexo…) pero al final la maestría del autor consigue hacer la obra perfecta.

Y lo hace como tiene que hacerse, canción por canción, rescatando los aspectos más negativos de una sociedad actual en la que él vive e incluso llega a pedir asilo por favor tras haber cantado en ‘N.V. Por La Paz Mundial’:

No hay guerra mundial,
no hay droga capaz
de acabar con esta obsesión.
Nos veremos en la gloria

y quizás allí descubramos la canción
que nos traiga la paz.
Se libra otra batalla
y el tedio es mortal.
A este día
seguirá otro igual.

La miseria no acaba ahí, es un breve extracto de todo lo que se puede escuchar a lo largo del doble álbum. En ‘Maldición’ alcanza su culmen con un arpegio, fraseo de country y una historia que se construye en un crescendo de los mejores de la carrera de Vegas, rematado en sólo una estrofa:

Ezequiel comienza a huir, nadie lo va a extrañar. Huye en dirección al norte, le guía el olor a sal. El Cantábrico se muestra en todo su esplendor. Se desnuda y lentamente avanza en dirección al sol. Y decide descansar bajo el manto gris del mar. Las olas lo mecen y duerme eternamente como un viejo zar.

Para llegar ahí, antes se ha abierto la caja de música que iniciaba la función en la oscuridad (‘Noches Árticas’); ha pasado la demostración de una buena orquestación a base de cuerdas con ‘El Salitre’ donde el personaje del doble álbum sufre las desgracias del amor; la crudeza de los ambientes más turbios de una ciudad de puerto (su Gijón natal) en ‘Gang-Bang’ con el momento álgido en un verso roto (“¡Cas…tra…ción!”); la experiencia de haber crecido a base de palos (‘Historia de un Perdedor’); el grito ahogado con la sentencia de “no poder ser sólo viento” (‘Sólo Viento’); y la pasión desenfrenada engrandecida por la melodía ascendente (‘En El Jardín de la Duermevela’); para acabar pidiendo, “perdón por existir” (‘En La Sed Mortal’).

Stanislavsky’ podría ser la última, el cierre perfecto de una función por la que han pasado todos los personajes y al final sólo ha quedado uno, el del propio Vegas, que resume en cuatro versos la filosofía de un escritor y un músico único:

Lo haga bien o lo haga mal, ahórrense la ovación. He prometido la verdad y me descubro como actor.

Con Cajas de Música Difíciles de Parar la escena española alcanzaba su techo en cuanto a una referencia de este tipo. Perfecta en su desarrollo, cada canción con sus arreglos (Carlos Martínez fue el encargado), y unas letras propias de la mejor literatura. Nacho Vegas firmaba su trabajo más ambicioso y hasta ahora, el mejor.

Sitio Oficial | Nacho Vegas
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