
La separación de El Niño Gusano pareció sentarle bien a Sergio Algora. Si gran parte de la rotundidad de El Escarabajo más grande de Europa estaba en lo profundamente triste de las letras, en la decepción vital que dejaban entrever, en el hastío que salía de ellas, su siguiente proyecto, Muy Poca Gente, no tenía nada de eso.
Puesto que para Algora era imposible dejar la música a un lado, pronto se junto con amigos de Zaragoza. Daniel, de Pulmón, fue el núcleo principal del nuevo grupo, con el que empezó a grabar canciones. Poco a poco se le fueron sumando personas y no tardaron en editar un single, Con Zapatos Nuevos, que dejaba claro que, musicalmente, la ruptura con las fabulas pop de El Niño Gusano era oficial.
Con Zapatos Nuevos tuvo un recibimiento desigual: se le hizo caso en los medios por venir de quien venía y se le trató con cariño, pero no había tampoco demasiado de lo que sacar provecho. En el fondo, este single alargado hasta convertirse en un minicd demostraba que la estela de El Niño Gusano era demasiado poderosa y que a cualquiera de los componentes del ya extinto grupo maño les iba a resultar muy difícil salir adelante en sus nuevos proyectos.
Ese primer contacto, quizás demasiado prematuro, jugó en contra de Muy Poca Gente. Tan poco se consideró que brillaban las canciones del grupo (y era cierto) que, cuando éste sacó su disco de debut, nadie quiso prestarle atención. Prensa y público parecían haberse ya desviado a nuevas sensaciones y a rey muerto, rey puesto, buscaban otras bandas. El Niño Gusano era ya, rápidamente, un fósil, de manera que En Flor pasó desapercibido.
Curiosamente, y pese a lo irregular del trabajo, el disco de debut de Muy Poca Gente le daba sopas con hondas a ese primerizo single al que todos juzgaron severamente. Lo que pasa que ya no quedaba casi nadie para oírlo.
Como en Con Zapatos Nuevos, el grupo saltaba de un lado a otro: del funk al pop y de ahí a la psicodelia. Pero, al contrario que el single, En Flor jugaba a priori la baza de presentar a un grupo mucho más coherente y que había trabajado más las canciones.
Para empezar, el disco era mucho más tranquilo, más pop, con un buen comienzo (‘El día del cielo’; imeem), distinto de lo que uno esperaría del letrista de El Niño Gusano pero no por ello malo.
El principal problema de En Flor, además de la actitud del público a la hora de recibirlo, fue cómo se compuso: a salto de mata, cada uno llevando las cosas al local de ensayo, por separado, para luego juntarlas y grabarlas lo más rápido posible. El resultado es tan disperso que los puntos flacos (‘Zuecos’, la ya conocida ‘No hay vacaciones’) quitaban demasiada fuerza al conjunto y eliminaban por completo la gracia de canciones donde su punto de orquestina loca estaba más conjuntado (‘Chimos’) o donde la influencia directa de El Niño Gusano llegaba con fuerza (‘El beso más grande’; quizás el mejor tema de la carrera del grupo; imeem).
Los momentos extraños del disco se colocaron al final, para acabar de desorientar al oyente: el insulso ‘¿Cómo podéis ir así por la vida?’, la miniatura en muy baja fidelidad ‘Contento estoy’ y la divertidísima (y a ritmo de Mediterráneo) ‘Il Maltrato’ (imeem).
El conjunto quedó tremendamente descompensado. Quizás faltó más trabajo conjunto para podar todas las ramas que sobraban de una banda tan extraña que, estando formada por retazos de otras, murió sin decir ni mu cuando tres de sus componentes se unieron a Fran (Australian Blonde) para formar La Costa Brava. Un final perfecto, muy en su línea, para esa extraña ceremonia de confusión que fue Muy Poca Gente.
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