Nacho Vegas, Portada el Manifiesto Desastre

Toda escena necesita a su cantautor líder, a una voz que haga de los mejores poemas letras bien hiladas y duras. En los últimos años en España, este papel se ha disputado, principalmente, entre dos nombres: Antonio Luque y Nacho Vegas; el resto de artistas o bien están en grupo (Alfaro, Jota, ....) o van más a su aíre (Josele Santiago, Lápido, ...).

Da la casualidad que ambos artistas han dado un cambio en sus últimos trabajos en este 2008, Luque con un Ronroneando (2008, Mushroom Pillow) que levanta las mismas pasiones que aversiones entre sus seguidores y ahora el músico de Gijón lo hace con su quinto disco, titulado de forma trágica para continuar su línea: El Manifiesto Desastre.

El listón que se había autoimpuesto en solitario Vegas con Desaparezca Aquí (2005, Limbo Starr) era para dudar si iba a conseguir superarse o al menos igualar un álbum tan bueno. En grupo no lo había logrado, ni con Bunbury ni con Christina Rosenvinge, pero lo malo, es que con este nuevo álbum tampoco lo ha hecho.

Las primeras impresiones de un álbum de Vegas siempre dejan a la luz un trabajo menor, que va ganando con escuchas. En esta ocasión vuelve a ocurrir lo mismo, sólo que según lo sigues escuchando se percibe un estancamiento de Vegas en ciertos desarrollos musicales idénticos a anteriores trabajos (‘El Tercer Día’ es su típica estructura de canción dura; ‘Junior Suite’ trae a la cabeza anteriores canciones suyas), aspecto donde el cantautor nunca ha sobresalido, pero sí que ha llegado a sorprender tanto a la hora de tratar la estructura del vals a sus letras, la canción más dramática o la de taberna.

Al fin y al cabo estamos hablando de música y no sólo de repetir clichés ya usados y comprobados su eficacia. Él mismo ha estado en grupos que daban a este apartado algo más que la simple repetición (Eliminator Jr., Manta Ray, ...). El Manifiesto Desastre cojea en este sentido de forma preocupante, sin ofrecer nada nuevo como en su día hiciese en su doble álbum, sólo un trabajo más lineal con un Vegas reposado, pocas veces arriesgando o con su vena más agresiva.

Dicha vena suele ser la mejor de este tipo de artistas. Él mismo se valió el respeto por poemas del tipo ‘Ángel Caído’ o ‘Maldición’, donde los sentimientos iban anexos a cada versos y en cada verso se buscaba la sorpresa en el receptor. Ahora casi ya no hay este tipo de temas, son más calmados, primando la balada o el medio tempo donde el gijonés cae demasiado en un estribillo fácil que reitera una y otra vez, resultando más accesible que nunca, con una caída hacia leves instrumentales para dividir lo que antes él hacía sólo e incluso coros en las partes más altas, recurso muy facilón para tapar el resultado.

Este lado más flojo está en un tema como ‘Lole y Bolan (Un amor teórico)’, compuesto a buen seguro en forma de homenaje o gracia particular hacia Marc Bolan, ya que se ven elementos en la manera de afrontar el tema, como en los riffs de la guitarra, acompañada por una melodía cercana al glam; pero que no transmiten nada más que ese juego “gracioso”. ‘Nuevas Mañanas’ es el ejemplo del estribillo, de los coros y de un órgano bien utilizados pero sin más allá (incluso usa de nuevo su figura recurrente de los “nuevos planes”). La ranchera de ‘En Lugar del Amor’ es un tema de desamor que a veces engancha y otras deja frío.

Aunque no todo lleva a hablar de algo malo Su habitual manera de firmar un hit está desde el principio con un single característico: ‘Dry Martini S.A.’, que es perfecto, tanto en los versos sucios como en la manera de afrontarlo, La letra crítica la vemos en la canción que da título al álbum, La manera ascendente de romper in crescendo una canción vuelve a aparecer con ‘Mondúber’, una de las mejores, donde el estribillo está más pulido y la letra más lograda. Ya en el cierre está el verdadero Vegas, cuando decide firmar una de sus mejores canciones de su discografía, parco en melodía pero adaptada a su letra y la manera de cantar, que no al revés. La historia narrada es uno de sus duros relatos pesimistas que lleva por título ‘Morir o Matar’, unida a la sorpresa a mitad de la canción, cuando rompe la melodía arriba.

Finalmente, tras tantos argumentos negativos, es un buen disco en general, pero flojo respecto a su carrera, donde se ha ido superando álbum a álbum. Las letras podían ser mejores y las melodías piden más que una estructura fija. Aún así, a un seguidor de Nacho Vegas (entre los que me incluyo) le seguirá gustando la manera con que afronta el gijonés su música, pero esta vez hay que pedirle más, un artista como él no se puede quedar en este nivel, sino que tiene que seguir en una línea ascendente, es decir, más temas como el último y menos de relleno.

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