Antonio Vega es uno de esos pocos artistas que son leyenda. El personaje se ha comido a la persona. Él es el cantante de Nacha Pop y lo seguirá siendo hasta que el cuerpo aguante. Es un cantante que como algunos toreros tiene veladas gloriosas y faenas que es mejor olvidar.
Si en marzo le vimos en el mismo lugar, la Sala Acapulco del Casino de Asturias, crecido, con voz y planta, anteanoche Antonio Vega era un pálido reflejo. Pareció que sus biorritmos estaban al mínimo, con las pilas a punto de descargarse y que su cuerpo iba a ralentí.
Su cara, y su cuerpo, quebradizo, delicado, son todo un poema, pero cerrando los ojos aún podías imaginarte al cantante, y guitarrista, que fue. Sin débitos promocionales, ni canciones nuevas que ofrecer, cualquiera podría decir que en el concierto del jueves nos íbamos a encontrar lo mismo que hace meses.
Pues no. Ni era el mismo público, creo que había menos gente pero no lo podría asegurar, ni el repertorio ni la manera de desarrollarlo fue ni siquiera parecido. Antonio Vega hizo ochenta minutos de concierto, todo un exceso si tenemos en cuenta los precedentes y las crónicas.
Sin embargo el recital no tuvo ni la garra, ni la atracción, ni el enganche, ni el pulso de su última visita al Casino. Vega, acompañado de Basilio Martí a los teclados y Jorge D’Amico, guitarra y coros, tuvo un comienzo a ralentí, como si le costara arrancar, un dato claro fue que entre el primero, A medio camino, y segundo tema, un lío que se hizo con los jacks a la hora de cambiar de guitarra, hubo una demora de cinco minutos, y cuando arrancó abusó con sus compañeros de los desarrollos instrumentales, por poner ejemplos los de ‘Me quedo contigo’, versión de un tema de Los Chunguitos que hicieron jazzeada, o ‘Tuve que correr’, la segunda de la noche.
Y si a eso le sumamos los tres cuartos de hora sobre la hora anunciada que hubo que esperar a que empezara el concierto no es de extrañar que una moza que estaba sentada en uno de los sofás se quedará dormida, ¿o estaba meditando?, en varios momentos en que torcí la mirada.
Tampoco me gustó como sonó el trío, con el teclado cuando hacía de piano muy por encima de las guitarras, y casi tapando el hilo de voz de Antonio Vega. De todos modos, algunas canciones del madrileño son tan buenas que, aún interpretadas al treinta y tres por ciento de capacidad, salvan y salvarán cualquiera de los conciertos que haga en el futuro.
De esta noche casi me quedo, a pesar del piano, con esa ‘Lucha de gigantes’, que Vega tocó con guitarra de doce cuerdas, delicadísima de principio a fin, o esa emoción a flor de con un punteo precioso de Antonio.
Hubo un bis y no hubo mucho que hacer para que lo concediera. ‘Elixir de juventud’ interpretada con apenas piano y voz fue fabulosa, lo mismo que la ‘Chica de ayer’, en la que Antonio Vega, empeñado en usar la guitarra de doce cuerdas, que le dio un tempo y un toque distinto a esta excepcional canción, explicó con mucha gracia que con ella no podía tocar la entrada por lo que nos diéramos por enterados.
Sitio oficial | Antonio Vega
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Fotografías | Víctor Rodríguez
Comentarios
aún recuerdo lo mal que me sentí cuando escuché en las noticias el final de Enrique Urquijo y cuando menos me lo espere volveré a sentir lo mismo con este hombre.
Una verdadera lástima.
La gente lleva ya como 15 años diciendo: "Antonio Vega palma mañana"
pues de momento no, aguanta ahí casi como cadáver viviente (toma contradicción), pero no deja de sobrevivir a las miles de veces que lo han querido enterrar.
Se ha escrito tantas veces sobre la muerte de Antonio Vega que cuando suceda vamos a pensar que eso ya ocurrió.
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