
¡Ah, qué gozada la de recibir discos como el reciente God Save The Clientele, que le da sopas con honda a la interesante pero nunca deslumbrante discografía anterior de la banda! Una gozada para amantes del pop melancólico, para los que se emocionan con la brisa triste de canciones como la gran Caroline No, de los Beach Boys.
Llego a él precavido, pese a los elogios de Marta Fuck Me I´m Twee. Y no porque no me fíe de ella, sino porque The Clientele siempre me han parecido una banda incapaz de superar sus propios límites. Un grupo agradable, pero no de esoso que te roban las horas junto a sus discos.
Llego precavido y el disco me desarma en apenas dos canciones. Here Comes The Phantom es una buena muestra del nuevo alcance del sonido de la banda, pero I Hope I Know You es bellísima, con Alasdair MacLean arrebatando suspiros en cada sílaba que canta.
Sí, puede que la banda ya sonase parecido antes, sobre todo en ese Strange Geometry que andaba cerca del salto cualitativo, pero ahora las canciones son mejores y brillan más. ¿Una razón muy clara? Los arreglos de cuerdas, a cargo del siempre brillante Louis Phillipe (responsable en parte del aire eterno del Soidemersol de La Buena Vida).
Gracias a su buena mano, las canciones de The Clientele dejan de ser lineales y se convierten en maravillas capaces de deparar nuevas sorpresas a cada escucha. Son la descripción perfecta del final de un verano que parecía eterno, pero que siempre acaba. Los Beach Boys, claro, pero también los Byrds (From Brighton Beach To Santa Monica) o Nick Drake. Palabras mayores dichas con la voz baja y el corazón encogido.
Admito collejas si estoy demasiado sensible, pero si The Queen Of Seville no es una canción para llorar (de alegría o de pena, qué más da) es que me he vuelto majara. Si es así, que conste que he perdido el juicio por un disco hermoso, que va directo a mi selección de lo mejor de 2007.
(Y que, por cierto, puede escucharse en versión streaming desde aquí)