
No entiendo muy bien el fenómeno que hay en nuestra escena independiente. Cuando un grupo llega a ser mínimamente famoso, consiguiendo sacar la cabeza por un mínimo agujero hacia un público más general y con posibilidades de expansión mayores, van y olvidan todo lo que anteriormente habían hecho. No sólo dejan de lado los buenos elementos a través de los que consiguieron su éxito sino que empiezan a hacer una música sin gracia y que parece estar metida en una caja de fórmulas estilo los 40 principales pero intentando sonar con ese rollo indie como etiqueta.
Los casos se ven: Deluxe, caída libre sin paracaídas; The Sunday Drivers, la fórmula en este caso pasa por la MTV en vez de por los 40 Principales; y Sidonie, bañados en su Costa Azul y pareciendo otros. ¿La explicación? Cada uno podrá sacar la suya.
Uno de los que mejor han hecho suya esta reformulación han sido Niños Mutantes. La banda granadina en 1998, y para Astro Discos, firmó un buen disco de pop bajo el título Mano, parque, paseo; después parecen haber dejado de lado esta creatividad o quizás se les acabó con su debut. Siguieron con discos en los que el pop dejaba una mezcla resultona con el rock pero nada más, era siempre lo mismo y eso llega un momento en que cansa.
Quizás el grupo más cercano a ellos se La Habitación Roja, a quien los granadinos se intentan acercar demasiado en las composiciones y en las letras, inclusive en las guitarras. Pero los valencianos, pese a tener también sus horas bajas, son capaces de firmar algún que otro hit en su línea y seguir con conciertos en los que el público disfruta de sus canciones; al contrario que los Niños Mutantes, donde un concierto se antoja como eterno y una canción parece la continuación de la anterior. Bueno, hay una salvedad, cuando suena Nadie Te Quiere Ya retoman el gancho, pero la canción no es suya, sino de Los Brincos y ya tiene su tiempo.
Casualmente las versiones fueron una de sus paradas en el camino, Grandes Éxitos de Otros (2007, Astro Discos) recogía algunas ya publicadas en EPs y añadía más material ajeno a ellos, donde, irónicamente, alcanzaban mejor nivel que en sus propias composiciones.
Todo Es El Momento (2008, Astro Discos) es lo mismo que sus anteriores trabajos, no cambia nada, y si cambia algo, es para peor (¿esos intentos por acercarse al estilo folk o cantautor español?). Se sigue cantando al amor y a elaborar letras simplonas sobre estribillos que intentan resultar pegadizos, pero repetir “Te Favorece Tanto Estar Callada” cien veces sin gracia lo más que se desea es que lo que se calle es la canción.
¿Alguna para intentar un buen momento? Entre trece canciones casi ninguna, si hubiese que elegir una o dos serían las menos malas, como por ejemplo Sapos y Culebras y Arañicas, donde son más alegres y hay más cambios en las melodías y las voces, las letras incluso están más trabajadas. Pero por el lado contrario están todas las demás. El Predicador (Haiku) convierte a todas las canciones de post-rock en obras maestras por ser un instrumental sin nada, Daniela es un tema de amor que separaría parejas en vez de juntarlas, y Lovesong Miguelito es mejor escucharla y luego ya opinar.
Así que otro grupo que parece apuntar más a una homogeneidad preocupante más que a ir mejorando poco a poco según se crece. No está mal aumentar de público, es algo necesario, pero The Cure o The Roling Stones también aumentan cada día de seguidores y siguen haciendo buena música.
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