Joan Miquel Oliver ha demostrado ser, además de compositor, letrista y guitarrista de los excepcionales Antònia Font, un heterogéneo de la escena musical española. Autor de algunas de las mejores letras de los últimos años, el mallorquín usa el lenguaje aprovechando a la evz las sonoridades y los significados, de manera que sus canciones siempre son poliédricas y disfrutables desde perspectivas muy diferentes.
Oliver debutó en 2005 en solitario con un buen disco (Surfistes en Càmera lenta), pero es en su nuevo y escueto single donde se destapa del todo, enfrentándose al miedo al ridículo y saliendo victorioso.
Porque, reconozcámoslo, uno tiene que tener mucho talento para construir una canción sobre una novia que decide no casarse el día de su boda (y lo paga con la muerte) mediante un fragmento del nocturno Número 13 de Chopin sin que aquello quede en un horror pretencioso. Y en Sa nuvia morta, Oliver hace todo eso y deja una huella indeleble en el oyente, cantando una fábula trágica con puente tecnopop incluido.
Sí, así contado suena horroroso, pero a Oliver todo le cuadra, igual que le cuadran también a Parade todas sus obsesiones musicales. Precisamente es el murciano uno de los pocos que ahora mismo pueden entrar en el mismo saco que Joan Miquel Oliver: dos músicos que unen el mejor pop de los años 80 con músicas atípicas (toques mediterráneos, arreglos imposibles, guiños por doquier) y que crean grandes canciones con personajes o imágenes duraderas.
Hansel i Gretel, segundo y último tema del single, es más alegre que la titular, pero igual de contagiosa. Optimismo puro disfrazado de fantasía infantil. Cuentos irónicos para sobrevivir a la realidad que siempre se nos hace muy cuesta arriba. Evasión y sentimiento: ¿no era eso el pop? Pues Joan Miquel Oliver lo borda. Imprescindible.
Consíguelo | Discmedi
Trackbacks