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Saint Etienne

Ya, en nada, en sólo una semana, está a punto de salir el disco de pop bailable del año. Que digo del año, de la década. De la que se fue, por supuesto, pero también de la que vivimos. No, no es ninguna novedad: todas sus canciones ya se han oído antes, lo que pasa es que nunca se han escuchado lo suficiente. Ése disco es London Conversations y es, simplemente, un recopilatorio de las mejores canciones de Saint Etienne.

Simplemente, digo como si fuera fácil. Todavía no acabo de entender por qué ellos fueron los que no triunfaron, cuando lo tenían todo para ello. Canciones por un tubo, una vocalista con clase, belleza y mucho encanto (yo me enamore locamente de Sarah Cracknell en un directo en el FIB), un sonido amable y moderno al mismo tiempo y estribillos contagiosos. Por tener, tenían hasta un punto hortera. ¿Dónde se equivocó el mundo? ¿Y por qué no evitamos los demás aquel error?

London Conversations significa revivir muchas horas de buena música, y esta vez sin posibilidad de relleno (que alguna vez lo hubo en sus discos, aunque en ocasiones contadas). Del tirón, 35 canciones pueden parecer muchas, pero no con un grupo como el británico, el que formaron Bob Stanley y Pete Wiggs, un colega DJ , que primero rompieron con una versión bailable de un temazo de Neil Young (‘Only Love Can Break Your Heart’) y poco a poco fueron añadiendo esencias más sesenteras, incluso más kitsch, a su sonido de pop perfecto.

Aquí están, y lo voy a decir conteniendo la respiración para no exagerar ni un ápice, ‘Join Our Club’, ‘You’re In A Bad Way’, ‘He’s on The Phone’, ‘Sylvie’ o muchas otras, canciones todas ellas que hubieran hecho más amables mis últimas horas en las discotecas, cuando ya sólo quedaba la esperanza de que, al menos, la vuelta a casa no se hiciera demasiado larga. En vez de ellas, nos machacaban con música que no nos decía nada de nuestra vida.

Sigo suspirando por ellas: me podéis llamar todo lo que queráis, pero es así. Saint Etienne aún dan sopas con honda a cualquiera que haya tratado de seguir su camino (¿hay alguien?) y a todos esos nuevos indies que, desde el año 200, tratan de hacernos bajar a la pista de baile. Ahora, con ellos, tenemos que movernos más espamódicamente, tenemos que parecer más irónicos, más postmodernos, más lo que sea.

Con Saint Etienne nunca hizo falta nada de eso. Quizás por ello, porque eran tan transparentes, nunca tuvieron el éxito que se merecían. Aunque ¿hay algo más notable que llegar a la edad madura conservando todo lo que un día nos hizo especiales? Cuando me haga cuarentón y vea que yo no lo he logrado, al menos tendré este recopilatorio para seguir soñando en que todo es posible.

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