Más madera visual para los amantes del neocrooner más en forma de los últimos tiempos. Y, de nuevo, como ya hiciera en anteriores ocasiones, Richard Hawley opta por poner la puntilla casi irónica a una canción bastante franca en letra y sonido.
Todo se pierde, especialmente el amor, pero en los vídeos de Hawley nada es nunca lo que parece. Y así es como él logra conquistarme más terreno sentimental, más allá de unos discos en los que, salvo con la enorme The Ocean, nunca me acaba de romper.
Los viejos rockeros nunca mueren (pero algunos de sus complementos sí).
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