La decisión de parar la maquinaria de Led Zeppelin tras la muerte de ‘Bonzo’, al comienzo de la década de los 80, fue en mi opinión una de las más honestas y acertadas que se han tomado en la historia del rock. Sin duda, los tres miembros restantes estaban en todo su derecho continuar en activo con otro batería, y nadie se lo hubiera reprochado; pero entendieron que no tenía sentido seguir adelante sin la agrupación original, y actuaron en consecuencia.
Años después, y dejando al lado los escarceos entre Jimmy Page y Robert Plant, la banda se reunió con el objetivo de celebrar un único concierto, para lo cual encontraron el sustituto más parecido posible al gran John Bonham: su hijo Jason. Una vez más, me pareció una decisión oportuna, a pesar de que opotaran por no seguir adelante con la gira.
Desde entonces, miles, millones de rumores han salpicado la Red, augurando el regreso a la carretera de la que fue una de las mayores bandas de la historia de la música. Naturalmente, yo lo deseaba como el que más, pero no a cualquier precio. Y es que la confirmación por parte de John Paul Jones de que están dispuestos a seguir adelante sin Plant ya no me parece tan bien.
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