Skizoo

Se me hicieron muy largas las dos horas de concierto de Skizoo y eso estando delante de un gran grupo no es buena señal. Primero, porque si se hubieran restado los minutos que Morti se dedicó a hablar y hablar y no decir nada entre tema y tema y los riffs prestados de otros grupos como Deep Purple, Van Halen…, con los que los guitarristas nos deleitaron, habrían sido veinte minutos menos.

Y segundo, porque, al ser una actuación patrocinada por un licor alemán de nombre casi impronunciable, el cantante se dedicó a hacer publicidad descarada de ese brebaje que cuando llega al estómago parece que se te retuercen las entrañas y unas azafatas se subieron en varias ocasiones, bandeja en mano, a ofrecer esa bebida espirituosa de altísima graduación a los músicos.

Aquella imagen me recordó a un combate de boxeo, en el que unas señoritas ligeras de ropa suben al ring contoneándose por él y mostrando la tablilla del round. En fin, un espectáculo bochornoso y sexista que continuaron al final en el puesto de merchandising intentando quitarle la camiseta al chico que estaba a su cargo, que acabó enfadadísimo y molesto por el acoso y derribo.

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