No me esperaba un recital como el que el ex The Moldy Peaches nos ofreció ayer en la Plaza Mayor de Gijón. Regular tirando a malo sería la definición más exacta del espectáculo del norteamericano, que salió con unas copas de más, algo habitual en sus apariciones en público.
Son famosas las curdas que Adam Green se agarra antes de sus actuaciones, no hay más que ver algún vídeo que hay en Internet, especialmente el de una bochornosa comparecencia en la televisión alemana, o las crónicas de las anteriores visitas a nuestro país, como la del Summercase de hace dos años, donde no dio pie con bola.
Y el lunes no podía ser menos. Green fue un cantante graciosillo sin pizca de gracia, perdido por momentos en el escenario, haciendo honor a la leyenda del americano parlanchín que intenta comunicarse en un español farragoso diciendo estupideces, y si esto fuera poco, ejercitando unos pases de baile que serían un abominable híbrido entre los de Mika, Mick Jagger y Chiquito de la Calzada. Literal.
Y no sólo eso, se ha buscado una pseudobanda de soul con dos imponentes coristas de color que le siguen la corriente en la medida de lo posible. En definitiva, un despropósito y la mayor decepción de la interesantísima programación musical que nos han regalado este verano el equipo de festejos del Ayuntamiento gijonés.
Del pasado con The Moldy Peaches, la banda que compartía con Kimya Dawson, no queda nada ni en el repertorio que interpretó anteanoche, ni en las maneras de cantante folk lo-fi que mostraba entonces. Ahora Green es un histriónico showman que sobreactúa en demasía y que le salva por los puntos esa voz de crooner añejo que como no se empiece a cuidarse un poco va a acabar perdiendo.
Huyó de la guitarra salvo en dos temas en los que se quedó sólo en el escenario: ‘Her father and her’ y ‘Drugs’, la primera de su debut Garfield (2002) y la otra de Jacket Full Of Danger (2006), que a la postre fueron de lo mejor de su recital.
El resto del mismo se lo pasó deambulando errático por el escenario, tirando el micrófono al suelo en numerosas ocasiones y repasando un repertorio con el que recorrió sus cinco álbumes, no saturando, a Dios gracias, con los temas del imperfecto Sixes & Sevens, del que hizo entre otras las simpáticas Tropical island y Festival song. Se despidió con la locura de la clásica Baby’s gonna die tonight para volver después con la mismas ganas de juerga y rematar un bis con Jessica, uno medio tiempo que en su día dedicó a la cantante texana Jessica Simpson. Y para hacer honor a su leyenda comentó: “ahora a cenar y luego cervezas”. Incorregible.
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Vídeo | YouTube
Fotografías | Víctor Rodríguez
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