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Dejando a un lado el fútil debate sobre si Amy Winehouse ha llegado a convertirse en un mito o no, que tan candente se ha revelado tras su muerte, lo que nadie puede poner en tela de juicio es que ella abrió camino, devolviendo el soul y el r’n’b a la actualidad, y haciendo de ellos estilos en plena actualidad.

Consiguió que las nuevas generaciones se interesaran por una música del pasado, que los más jóvenes ni siquiera habían llegado a conocer y, sobre todo, abrió la senda para otras artistas, que se vieron inspiradas por ella, su música y su estilo.

Luego, claro está, tenemos a las que han hecho las cosas bien, dignamente, y otras que han mezclado churras con merinas, desvirtuando el sonido del verdadero soul con elementos del mainstream. Veamos algún ejemplo de cada tipo.

Si la discografía de comienza en el año 2003 con Frank, el disco que verdaderamente la confirma es Back To Black, lanzado en el 2006, aunque tarda algo de tiempo en hacer extensivo su éxito en UK a todo el mundo, por lo que es en 2008 cuando empezamos a ver la explosión de cantantes soul tratando de seguir la senda de éxito abierta por ella.

Así, nada más comenzar aquel año, ya en enero, tenemos en la calle 19, el disco de una Adele que debuta pero no a lo grande, pero si con un disco que apuntaba maneras más que suficientes para convertirla en toda una diva del estilo, y de la música seria pero con los ingredientes necesarios para llegar al gran público.

Acogida por la crítica de manera excelente con aquel 19, probablemente el problema con aquel disco fue únicamente la falta de un tema con tanto gancho como su ya archiconocido ‘Rolling In The Deep’, que aparecería en su segundo trabajo, 21, de este mismo año. ‘Chasing Pavements’ es un excelente tema, pero no llega al gran público de la misma forma que el éxito más reciente de Adele.

Luego, tan sólo un par de meses más tarde, má bien con el punto de mira fijo en Dusty Springfield más que en Amy Winehouse, tenemos a Duffy, debutando también con Rockferry. A diferencia de Adele, cuyo primer tema fue más un éxito doméstico a nivel del Reino Unido, ‘Mercy’ si que fue un hit a nivel mundial, con el que la concursante de Pop Idol (hecho este convenientemente camuflado, tanto por ella como por su sello discográfico) se metía a público y buena parte de la crítica en el bolsillo.

Un par de años más tarde, a finales de 2010, llegaría su segundo trabajo, Endlessly, con un posible hit para las emisoras de radio, ‘Well, Well, Well’ que no funcionaba de la manera esperada, y hacía perder fuelle tanto al álbum como a la artista, que incluso llegaba a coquetear con la posibilidad de retirarse a causa de dicho fracaso comercial.

Si bien ambas artistas han mantenido en común con la Winehouse el hecho de venir del Reino Unido, y trabajar básicamente el mismo estilo de música, el soul, aunque desde enfoques bien diferentes, más serio, aunque bastante comercial la primera y algo más frívolo y mucho más comercial la segunda, en donde realmente difieren de ella es en el tipo de vida que han llevado. Dónde la Amy Winehouse puso caos y desenfreno, Adele y Duffy han llevado vidas ejemplares.

En un punto intermedio, con mejores intenciones que buenos resultados, tenemos a Dionne Bromfield, amadrinada por la propia Amy Winehouse, con quien compartió escenario y quien incluso le proporcionó su propio sello, Lioness Records, para lanzar su debut Introducing Dionne Bromfield, ya en el 2009.

Su segundo trabajo, Good For The Soul, nos llega precisamente a principios de este mes, y la confirma como una buena cantante de soul, aunque falta del carisma de su madrina.

Su estilo, además, se diferencia del de las anteriores, sobre todo por ser mucho más clásico. Su música prescinde de los aditamentos actuales y la producción de la misma se acerca mucho más a lo que se hacía en los 60 y 70, aunque desde el punto de vista de una adolescente.

Si Dionne Bromfield puede estar en un punto intermedio, un adolescente con aspiraciones, con una buena madrina, que podría haber llegado lejos gracias a ella, y que ahora es posible que se quede en el camino, lo que nos ofrece por ejemplo Pixie Lott es algo mucho más insustancial.

Ella también llega desde UK, aunque su enfoque del soul tiene a la Winehouse algo más lejano, sobre todo por traicionar bastante el soul más clásico para darle una pasada sin contemplaciones por el filtro de lo mainstream.

Su único trabajo hasta la fecha, Turn It Up (aunque cuenta con una edición especial, Turn It Up Louder) viene a ser una adaptación del soul a la radiofórmula, sin ningún tipo de tapujos o vergüenza, que quizás haya funcionado bien a la hora de vender en su país y en alguno otro, pero que ante la crítica y los aficionados al verdadero soul la convierten en una frívola artista más a la que evitar.

La última en subirse al carro del soul que Amy Winehouse había puesto a rodar es Eliza Doolittle, otra británica, que además de trabajar el mismo estilo viene del mismo barrio, de Londres, de Candem. Al igual que Adelele, Bromfield o Lott, también comienza en esto a una edad temprana, aunque su forma de entender la música repite básicamente los esquemas (Y errores) de esta última, mezclando el soul con elementos de lo más comercial, aunque manteniendo quizás algo más que ella el verdadero soul en su objetivo.

A su música tampoco se le puede adjudicar un alto valor, lo que no es problema para que haya gustado bastante en su país de origen y esté consiguiendo hacer lo propio fuera, como aquí en España, donde está consiguiendo sonar bastante con su single ‘Pack Up’, que aunque no pasará a los anales de la historia de la música, si que cuenta con algunas características que lo hacen destacar sobre los temas de otras veinteañeras de las que pueblan las listas de éxitos hoy día.

Con estos ejemplos, no quiero en absoluto comparar a Amy Winehouse con ninguna de estas otras artistas. Su estilo era mucho más puro, y contaba con un carácter en el que quizás precisamente tuviera mucho que ver su vida de excesos, que la hacían un genio atormentado e irrepetible.

Pero si es cierto que su música y su forma de ser calaron hondo en una generación de nuevas artistas que, quizás no pretendieran imitarla, pero de una forma un otra fueron influidas por ella. Por supuesto, unas han aprovechado mejor que otras esas influencias, y han terminado haciendo música mucho más digna que otras, pero eso ya queda más en el terreno del gusto personal. Adele, Duffy, Dionne Bromfield, Pixie Lott o Eliza Doolitlle pueden ser consideradas simplemente la prueba de esa influencia.

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