No me cabe duda ninguna que Pitingo es un cantaor con facultades, jondura y dominio del compás suficientes para triunfar pero en Soulería, su segundo álbum, ha hecho gala de una pretenciosidad y nos ha ofrecido un caldo de músicas que resulta difícil de digerir y del que creo que ha salido escaldado
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El viernes Pitingo ofreció un recital en el escenario de la Playa de Poniente de Gijón y esas sospechas se me hicieron más que evidentes. Acompañado de Juan Carmona, ex Ketama, a la guitarra flamenca, y un elenco de catorce músicos y coristas, nos ofreció el espectáculo de su nuevo disco, donde el cantaor ejerció más de cantante y se ganó al númeroso público, gitano y payo, que se acercó hasta ese enclave de la ciudad.
Su fusión de pop, gospel, flamenco y soul quedó en un alarde de atrevimiento, una pastiche que ni es una cosa ni la otra, y que a los buenos aficionados al flamenco nos dejó bastante desencantados. Si en el disco no sale airoso, en directo esperaba que no fuera tanto pero estaba en un error, el encanto se quedó simplemente en el físico de este joven gitano onubense que portó un pelo con cresta y ropa metrosexual y en poco más.
Pitingo está muy seguro de esta opción que ha tomado porque si no fuera así no se entenderían esos desvaríos, que en un principio pueden embaucar a los neófitos, como empezar el concierto con una toná enlazada con una versión del ‘Georgia on my mind’, de Ray Charles.
Lo mismo que continuar con una revisión que podría calificar de sui generis de ‘Gwendolyne’, el tema que Julio Iglesias llevó a Eurovisión en 1970, y después seguir con una soulería, esa mezcla de soul y bulería que se ha inventado, titulada ‘Familia Habichuela’, perteneciente a su disco Pitingo con Habichuelas e incluir un trozito de ‘Yesterday’, de The Beatles, y el estribillo de ‘Mamy blue’, de los Pop Tops.
Parece que todo vale en el arte de Pitingo y no es así. Después se marchó sin avisar y dejó que El Camborio calentara los dedos con un tema instrumental, sustituyendo después al ex Ketama los percusionistas en un duelo muy vistoso pero vacuo. De vuelta al escenario llevó a la lengua de Cervantes el ‘No woman no cry’, de Bob Marley, y cantó otra soulería con casi toda su banda: ‘Solo sé que no sé nada’, bonita pero sin alma.
Ni el buen rollo cantando ‘Killing me softly’, que popularizó Roberta Flack, saltando y animando a que los presentes hicieran lo mismo, con cuatro coristas de gospel tremendos, que luego tuvieron su ratito de gloria para hacer la tradicional ‘Oh happy day’, ni esa soleá unida al ‘What a wonderful world’, de Louis Armstrong, ni mucho menos esa aberrante ‘Smells like teen spirit’, de Nirvana, me convencieron de que la propuesta de Pitingo es hoy por hoy defendible. Eso sí el público quedó entusiasmado
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Vídeo | YouTube
Fotografías | Víctor Rodríguez
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