Canciones Influyentes II: Negativland, por Neu!

probertoj 17 de junio de 2008 0 comentarios

Es fácil decir que la carrera de Neu! se resume en su primer disco homónimo. Es más, se podría decir que, incluso, toda su discografía se resume en dos temas, ‘Hallogallo’ y ‘Negativland’. El primero es el que, tradicionalmente, se ha llevado toda la atención mediática, ya que se le ha querido ver como la piedra angular sobre la que se edifica el krautrock, una etiqueta ambigua para definir a los grupos progresivos alemanes, que a diferencia de los anglosajones, eran más rítmicos que paisajísticos.

Sin embargo, yo soy de los que prefiere ‘Negativland’, porque condensa otras muchas cosas y, sobre todo, porque su tratamiento de la sección rítmica marcará a la mayoría de los grupos post-punk. También porque sus nueve minutos son todo un ejercicio de hipnotismo: el oyente entra en la espiral, pero, aunque quiera, no sale hasta que el grupo alemán decide echarlo de una patada.

‘Negativland’, que sirvió para dar nombre a uno de los grupos más activistas en contra del copyright, es una tormenta de ruidos y bajos saltarines. Es una de las canciones que dio vida a Sonic Youth: ambos grupos tratan las guitarras de la misma manera, con esos solos que parecen casi freejazz. Es también el tema que Martin Hannet escuchó y cuya producción quiso emular en Unknown Pleasures, el debut de Joy Division.

Dúo formado por dos exiliados de Kraftwerk, la existencia de Neu! estuvo plagada de saltos en el tiempo. Lo mismo grababan un disco que después desaparecían durante años. De hecho, su carrera está compuesta por cuatro discos de estudio, pero con el primero de ellos se bastaron y sobraron para dejar un legado duradero. Aún hoy resuenan los ecos de su música frondosa, virtuosa (ambos eran multiinstrumentistas) y basada en el ritmo.

Negativland’, el quinto y penúltimo tema de su debut (1972), es un torbellino nacido de la improvisación. En él, el ritmo negro, funky, del bajo de Michael Rother y el metrónomo perfecto que es la batería de Kalus Dinger se funden con los paisajes desolados de las guitarras y los sintetizadores. Casi parece que la canción se grabó junto a un aeropuerto, puesto que las cuerdas de las guitarras emulan el sonido de los aviones pasando continuamente justo por encima del grupo.

Después de siete minutos, el ritmo se acelera y las guitarras se afilan y se convierte en la banda sonora perfecta para cualquier ciudad, para cualquier polígono. Y, en plena ebullición, el tema se corta, acaba en rampa de lanzamiento. Desde allí han saltado grupos como David Bowie, Pere Ubu, Tortoise, Fennesz, o, por supuesto, Stereolab (aunque éstos beben más de ‘Hallogallo’). Pero, más allá de quien haya seguido esta canción (que son muchos y siempre importantes) lo que queda es una manera de entender el ritmo: en cuanto suena algo de Neu!, sabes que sólo puede ser de ellos.

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