
Cuando Antonio Arias abandonó 091 para fundar Lagartija Nick, tenía muy claro que sus ideas no iban a ser paralelas a las del grupo maldito por excelencia de los años 80. Tanto que ya en sus primeras entrevistas dejó muy claro lo que buscaba, para que no hubiera malentendidos.
De por aquel entonces, de cuando el grupo sacó al mercado su debut, Hipnosis (1991) son estas declaraciones para Ruta 66:
Habíamos abandonado nuestros respectivos grupos porque no expresaban de manera firme lo que queríamos. Era una estupidez que Lagartija Nick sonara más blando y decidimos endurecerlo no por una postura de pose, sino porque era lo que más no estimulaba.
Así veía Arias a Lagartija Nick. Y sobre esos pilares comenzó a cimentarse una carrera que sólo en la larga distancia ha sabido ganarse el respeto de los muchos que, en un principio, los desecharon entre acusaciones de esnobismo y aburrimiento.
Es curioso que los mismos medios musicales que durante un tiempo pasaron de Lagartija Nick ahora reciban con agrado y brazos abiertos la reedición de su segundo disco, Inercia, del que mi compañero Gallego hablará mañana. Pero más curioso aún es comprobar que el grupo ha decidido no seguir una política de reediciones cronológica, sino que se ha saltado el primer disco, publicado originalmente en vinilo.
Además de curioso, es un error. A día de hoy, la única manera de encontrar este disco es mediante el P2P y resulta una lástima que los seguidores del grupo no puedan comprobar que lo que hace un año se oyó en El shock de Leia o lo que muchos llevábamos admirando desde lo 90, ya estaba allí en su primera obra.
El grupo tiende a hablar de Hipnosis como la primera parte de una trilogía. De hecho, en una entrevista concedida a Mondo Sonoro en 2004, Arias insistía:
Los tres primeros discos se podrían definir con el título del segundo, son discos de inercia. Son una explosión, la cosmogénesis de la que saldrán tres discos que nos acabarán llevando más lejos, a ´Omega´. A buscarnos en otras músicas y en otros rostros.
Aceptando esa tesis, para que haya inercia debe haber movimiento. Y el del Universo de Lagartija Nick se inició en Hipnosis, un disco con canciones potentísimas y guitarras aceleradas y furiosas, pero que no suena tan contundente como Inercia porque está pobremente producido. O porque el plastificado final se comió parte de la fiereza de la banda.
En cualquier caso, lo que se mantuvo es esa necesidad de que todo fuese más duro. Ya hemos oído a Arias decir que no fue por pose, y las letras de Hipnosis confirma que lo suyo tiene bastante de persona herida por el mundo moderno. En este disco los parques de atracciones son digitales, la hipnosis viene desde el televisor, los jóvenes son sicarios y los mass media, pesadillas vivientes.
En este disco hay mucha guitarra Stooges y mucho feedback a los Jesus & Mary Chain, aunque en segundo plano, como los Reid a la altura de Reverence. Hay instrumentales de violentos latigazos (Sonic Crash) e himnos eléctricos (elegid la que más os guste, pero Disneyworld – imeem – lo es). Hasta patinazos (Hipnosis, la canción titular, da un poco de vergüenza; el sitar de La gran depresión me pone enfermo) que luego ya no volverían en unos cuantos años.
Pero, por encima de todo, hay también una actitud de confrontación directa contra no se sabe qué: una mala leche vital que, poco a poco, disco a disco, se irá transformando en incapacidad para entender todos los cambios. Como si, en vez de elegir la pildora roja o la azul, nos hubiésemos tomado ambas y andásemos con medio pie en la realidad y otro medio en el engaño de Matrix.
En ese mensaje y en cómo se ajusta a la frenética música están las verdaderas armas de los granadinos.
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