
Rage Against The Machine siempre han sido una banda inestable, pero en el año 2000 las tensiones internas que habían sido su motor hasta entonces la hicieron descarrilar. Zack de La Rocha se marchó y dejó a sus tres compañeros con una nueva aventura en ciernes, junto a Chris Cornell, Audioslave. Al poco tiempo de que Zack anunciará su deserción (y la disolución efectiva del grupo), su compañía lanzó Renegades, el disco de versiones de RATM.
Presentado en portada por un irónico homenaje al LOVE del artista pop Robert Indiana y encabezado por un poema de Josh Koppel que comenzaba diciendo “Escribo mensajes sobre el dinero: es mi propio estilo de protesta social”, queda claro que RATM no van a dejar puntada sin hilo ni canción sin mensaje en ninguno de los 12 homenajes de los que está compuesto el disco. Todos los artista elegidos marcaron, de una manera u otra, pero siempre visiblemente, el discurso de la banda
Admito mis problemas con los discos de versiones: a mí me gusta que a las canciones se les dé la vuelta, no que se les homenajee solamente adaptándolas al estilo del grupo. A mí me encantaría que el esqueleto de las versiones fuera totalmente distinto. En Renegades eso no ocurre muchas veces y los triunfos de Rage Against The Machine se circunscriben a donde era predecible.
Me explico: a nadie le debería extrañar que tres de las versiones que mejor suenan del disco sean las de artistas hip-hop. Por ejemplo, el Micophone Fiend de Eric B & Rakim o el Pistol Grip Pump explosivo que se marcan para homenajear a Volume 10. O, por supuesto, la tremenda toma que hacen del How I Could Just Kill A Man, con su esencia funky desbocándose y Zack de La Rocha cantando como en los mejores temas propios de la banda.
En todas ellas, la fórmula de la banda funciona porque ése es su lenguaje natural: son canciones hip hop a las que ellos le añaden un punto de dureza metálica. Es decir, están como pez en el agua. Si no las hubieran sacado adelante, este disco sería un desastre y no lo es.
Lo que tampoco es Renegades es un gran disco de versiones. Por ejemplo, RATM fracasan estrepitosamente tratando de insuflar más energía al Kick Out The Jams de MC5. Vaya por delante que, para mí, ésta es una de las canciones malditas a la hora de hacer una versión de ella: nadie ha conseguido nunca sonar como los MC5, por lo que es una irresponsabilidad tratar de calcar la canción. La versión de RATM, comparada con la original, suena como deben hacerlo los petardos de las fallas valencianas justo después de una explosión nuclear.
Convencen algo más cuando citan casi al pie de la letra a Minor Threat, gracias sobre todo a la contundencia de Brad Wilk a la batería. Sí, In My Eyes no se arriesga en nada, no busca convertirse en una canción de RATM, lo cual la invalida a mis oído, pero al menos suena decorosa, cosa que la versión de MC5 no hace.
Así que, pasando de los detalles que no me convencen por su postura poco arriesgada (algo que en un grupo tan políticamente comprometido con la senda alternativa de la vida es aún más sangrante), vamos al núcleo de la cuestión: ¿se arriesgan en algún momento Rage Against The Machine a hacer de Renegades un disco de reinterpretación, más que de versiones? Pues sí. Por ejemplo, me encanta la forma en que convierten el The Ghost Of Tom Joad de Bruce Springsteen de una larga letanía acústica a un himno de épica incendiaria. Es una visión radicalmente distinta, pero complementaria y, al menos, no ahoga la canción.
Sin embargo, no apruebo para nada la manera en que despojan a Street Fighting Man (de los Rolling Stones) de sus mejores cualidades (viveza, urbanidad, malicia) para ajustarla a la fórmula de RATM: no siempre poner un riff para mover la cabeza e instrumentos contundentes en primer plano da como resultado un canción demoledora. Ni siquiera aunque la original lo sea. Con Maggie´s Farm (Dylan) lo intenta de nuevo y, aunque la cosa mejora, tampoco es una versión memorable. En ese bloque de canciones está también el Beautiful World de Devo, demasiado solemne y despojada de toda la ironía que emanaba de la original.
En conclusión, Renegades sufre el mal de muchos discos de versiones. Y, posiblemente, también acusa el hecho de que la banda estuviese al borde de la disolución según se grababa. Por si fuera poco, quedó feo el gesto de darse tanta prisa en editar el disco cuando la banda ya no existía. Pero, pese a todo, aún hay donde rascar… aunque empiece a ser ya el esqueleto de la banda.
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