
Estaba cantado el éxito de un festival heavy en Bilbao, lo llevaba toda la vida pidiendo a gritos y la única actuación en el país de Judas Priest y Kiss eran un gancho suficientemente atractivo como para movilizar a gente de toda la península, e incluso del país vecino.
Más si tenemos en cuenta que este es el público más fiel que existe, capaz de hacer cientos de kilómetros total de reencontrarse con alguno de sus mitos sobre el escenario y sin dudar un momento a la hora de llevarse con ellos a toda la familia. Impresionante la cantidad de niños que se veían iniciándose en este ritual y es que para muchos el heavy no es sólo música, señores, es un estilo de vida y cuanto antes pueda apuntarse uno, alguno de los grandes en su currículum, mejor.
Así lo hicieron las 24.120 personas, según datos de la organización, que el viernes se acercaron a la jornada inaugural de un festival, el Kobetasonik, que mucho me temo tendrá continuidad en los próximos años, quizás en otras fechas para no ser tan próximo al Bilbao BBK Live, pero todo apunta a que este podría tomar el relevo al desaparecido Metalway de Gernika.
Eran el plato fuerte del cartel del primer día, se respiraba en el ambiente cierto nerviosismo (vale, al menos yo sí lo estaba) por ver a una de las mayores leyendas del heavy metal y Judas Priest no defraudaron ofreciendo exactamente lo que todos esperábamos y tantas veces habíamos visto en imágenes en la pantalla de nuestro televisor.

Rob Halford impone sobre el escenario y se comporta como la gran estrella del rock que es. No faltó ninguno de sus numeritos, apareció con su mítico abrigo negro de cuero lleno de tachuelas e hizo un repaso a todo su peculiar vestuario, antes de salir montado en su Harley cuando ya se acercaban al final. Más gordo y viejo de como le recordaba pero ¿acaso nosotros no lo estamos y somos también?

Aparece en la parte superior de un gran escenario a dos alturas mientras suena ‘Dawn of Creation’ para ser transladado mediante un ascensor a la parte inferior. El sonido es perfecto y el repertorio tampoco ofrece grandes sorpresas. ‘Metal Gods’, ‘Eat me Alive’, ‘Devil’s Child’... es tal la cantidad de clásicos cosechados a lo largo de sus treinta y cuatro años sobre los escenarios de todo el mundo y sus diecisiete discos publicados hasta la fecha, que se hace difícil concretarlo todo en poco más de hora y media. Estábamos viviendo una clase magistral de historia del Rock.
Superaron las expectativas, con la dosis justa de espectáculo para no desviar la atención demasiado, y nos regalaron los dos grandes momentos de la noche con los coreados por todos ‘Breaking The Law’ y ‘Painkiller’ (impresionante ver la marea de cuernos al aire) y la felicidad de irnos a dormir esa noche sabiendo que al fin habíamos visto a los Judas. ¡Qué grandes!
A los que no tendremos ocasión de volver a ver es a Ministry, quienes están en plena gira de despedida, aunque casi, casi, pasan por aquí sin ser vistos. ¡Qué halo de misterio, dios mío! Con prácticamente todo el escenario cubierto por paneles de protección y un Al Jourgensen oculto bajo su sombrero y enjaulado tras las vallas, bien nos podían haber puesto a otro personaje y ni nos habríamos enterado.

Da igual, su sonido fue atronador, imágenes de Bush aparecieron en las grandes pantallas, sonó ‘Just One Fix’ (el tercer gran momento de la noche, que rescato para el recuerdo) y el monte Cobetas se convirtió en un gigante pogo justo cuando el sol desaparecía y la oscuridad les hacía aún más misteriosos.
Todo lo contrario a Andi Deris, el actual cantante de Helloween que no paró de dirigirse al público en un perfecto castellano repitiendo hasta la saciedad: “¿estáis cansados?” y mostrando el mismo buen rollo que parecen tener con Kai Hansen ex componente de la banda que poco antes se subía al mismo escenario secundario con su nuevo grupo Gamma Ray, mientras nosotros a punto estuvimos de ser desintegrados por otros rayos, los de un sol que calentó como hacía tiempo que no veíamos en Bilbao.

Un imprevisto de última hora y la odisea en que se convirtió conseguir un taxi que nos subiera hasta el festival, feron los culplables de que me perdiera los conciertos de Airboune y Cavalera Conspiracy. Una pena porque al parecer ninguna de las dos bandas defraudaron. Los australianos sorprendieron a más de uno que por un momento pensaron estar viendo a AC-DC y ya se rumorea que repetirán visita en septiembre en el Azkena de Vitoria (espero que en un horario más agraciado). Los brasileños regalaron alguna canción de Sepultura y hasta una versión de Motorhead.

Mi primera imagen nada más atravesar las puertas del Kobetasonik fue la de los finlandenses Apolyptica Apocalyptica agitando sus melenas al viento al tiempo que hacían sonar las notas de ‘Enter Sandman’ en sus cellos. Una buena bienvenida, así que tampoco me voy a quejar.
Comentarios
Jo yo quería haber ido ¬¬
Por cierto errata!, has puesto Apolyptica en vez de Apocalyptica ^^'
Vendrán al Lorcarock wajajaj…. mi entrada esta deseosa de ser usada ^^
Corregido, gracias por el aviso y a disfrutar de ese Lorca Rock.
Jo, yo quiero… :P
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