
Hold Time, el nuevo disco de M. Ward, tiene el aroma de clásico instántaneo desde el mismo momento en que te lo pones por primera vez. Es un disco que enamora y encadila, que deja al oyente sumido en ese bienestar maravilloso de la música que emociona.
A priori, podría parecer que es lo mismo ser un clásico instantáneo que sonar a clásico. Y no, no lo es: como demuestra ‘To Save Me‘ hay mucho peligro en acercarse a la música canónica (la de los años 50 y 60 que todos los críticos del mundo alaban) con idea de hacer mera caligrafía. ‘To Save Me’, aún siendo una gran canción (ninguna de las que componen este disco se merecen un calificativo inferior), no se despega para nada de la sombra de quienes inspiran a M. Ward.
Y es por eso por lo que desentona en Hold Time: porque el resto del disco tiene vida propia, sólo puede ser obra de alguien que ya llevaba unos cuantos discos por todo lo alto, pero ahora da su do de pecho.
Da igual que Matt Ward tienda al música de raíces (’Fisher of Men‘) que le dé por crear viñetas vaporosas y profundamente conmovedoras, como la propia ‘Hold Time‘ o la tremenda ‘Oh Lonesome Me‘, con Lucinda Williams haciendo una aparición estelar en la que el calificativo no es un simple añadido tópico.
Hold Time tiene magia y, ante eso, el oyente poco puede resistirse. Es un disco íntimo de los que apetece compartir con los amigos y conocidos, difundira la palabra, crear expectativas. Él, por sí solo, no las va a defraudar. El sexto disco en solitario de M. Ward es realmente inmenso (versión de Buddy Holly incluida) y sigue creciendo con el paso de los días, su extraordinaria impresión inicial no se derrumba ni se revela falsa en ninguna escucha.
Vamos, que si no es uno de los imprescindibles de 2009 cuando el año vaya a terminar, entonces habremos tenido uno de los mejores años musicales de la historia.