Primero permitirme un comentario para situarnos. No se puede hacer un festival de ocho horas non stop como el MusicOvi en el mes de septiembre con grupos en su mayoría asturianos porque se puede correr la mala suerte de que llueva, algo habitual en ésta época del año en Asturias y que ayer no perdonó, y que encima el número de entradas vendidas sea irrisorio, unas mil más o menos, para un espacio tan amplio como el recinto deportivo de San Lázaro que puede acoger a más de 10.000 almas.
Las dos variables se conjugaron la tarde-noche del jueves y así el público quedó reducido a la mínima expresión. El comienzo de las actuaciones se ralentizó por motivos climatológicos y el retraso acumulado era de más de una hora a las 22:00 horas.
Lo dijo bien alto y bien claro Pablo Moro al final de su concierto, que parece que conjugó al dios de la lluvia e hizo que ésta parara: “la idea me parece genial pero se puede hacer de una manera mejor”.
Porque los veinte minutos que tenían asignados cada grupo lo considero una estupidez más propia de un concurso de maquetas que de un evento como éste, y el número de artistas, hasta quince pasaron por el escenario fue un despropósito. Por no hablar de una presentadora, ¿quién la necesitaba si en las lonas que estaban colocadas en los laterales se leía el programa?
En fin, el caso es que pudimos ver de nuevo a Nacho Vegas y Christina Rosenvinge en Asturias, cuya entente creía cancelada una vez que la vida de su mini CD de debut, Verano fatal, ya había dado todos los frutos que debería. El dúo salió de repente y no estaba el horno para muchos bollos, mucha humedad, un público muy heterogéneo y ambos dos bastante hieráticos, snobs los definió el compañero Koala.
No sé si hubo mal rollo antes por las características tan peculiares de este evento pero la pareja estuvo mucho más gélida que en su nefasta actuación en el Festival Internacional de Cine de Gijón. Hicieron sólo ocho temas y ni hubo un hola ni un adiós, ni siquiera un gracias entre tema y tema, al menos yo no los escuché.
No me parece que hubiera química entre Nacho y Christina en ningún momento, ni una gesto o mirada de complicidad, Vegas, que ya había tocado el lunes en la Plaza de la Catedral con Lucas 15, estuvo en algún momento como una especie de espectro entre las sombras que proyectaban las luces del escenario cuando Rosenvinge tomó la voz principal, haciendo propio el título de uno de los temas del miniconcierto: ‘Me he perdido’.
‘Ayer te vi’ del disco del gijonés y la madrileña de padre danés, fue la primera de la noche y ahí empezamos a echar de menos a Xel Pereda y su magistral toque a la guitarra y la mandolina. Sin embargo el sonido fue muy bueno en este cortísimo recital del dúo, aunque el teclado de Christina Rosenvinge cuando lo usaba de piano le daba un toque raro al conjunto, circunstancia evidente cuando hicieron ‘La plaza de la Soledad’, de Nacho Vegas.
‘El hombre que casi conoció a Michi Panero’, lo más parecido a un hit que haya tenido nunca Vegas, que comenzó Christina con parsimonia y mucha languidez al piano, y que Nacho alargó en demasía mientras la banda le seguía la corriente, nos lo mostraron sin vida alguna.
Y al final fue una especie de coitus interrumptus. Atacaron malamente ‘Verano fatal’, que es el tema estrella del disco y el que le da título y sin cortarse un pelo el dúo y su banda se fueron del escenario tal y como entraron, sin hacer ruido ni dando opción a pedir un mísero bis.
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Fotografías | Víctor Rodríguez
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