Nacho Vegas - Teatro Jovellanos (Gijón, 24-01-2009)

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Hay dos preguntas que me rondaron la cabeza durante el concierto de Nacho Vegas: ¿por qué no ha sido fichado aún por un sello multinacional? Esa misma pregunta me la he planteado con Anthony And The Johnsons. Y, la segunda, ¿por qué no montó un puesto de merchandising en el hall del teatro donde los seguidores se pudieran surtir de camisetas, vinilos, compact discs, postales..?

Porque ayer Nacho Vegas demostró en el Teatro Jovellanos, donde cualquier artista asturiano mataría por presentar un disco, que su popularidad trasciende al espacio del indie estatal. Estaba en casa y estoy seguro que acojonado por la responsabilidad de tener ante sí a una platea repleta (estuvo a punto de colgarse el cartel de no hay entradas) y por no repetir el manifiesto desastre de la noche anterior en Valladolid.

Resulta que el viernes, en el Auditorio de la Feria de Muestras de Valladolid, primera parada de la nueva gira de Vegas, los astros estuvieron conjurados contra el artista, pues falló la microfonía y el concierto tardó una media hora en comenzar. Y además ni el artista ni su banda tuvieron lo que se dice su mejor noche.

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Que no funcionara su micrófono en los primeros compases del primer tema del recital tuvo que poner nervioso a Nacho Vegas, más cuando cierto sector de público empezó a silbar. Pero no le silbaban a él si no al equipo técnico que subsanó el entuerto y el público estalló en aplausos.

Sonaba ‘La plaza de la Soledá’, un clásico del gijonés que se acompañaba de una banda remozada hasta cierto punto. Si nombre aún, Las Esferas Invisibles han pasado a mejor vida, junto a Vegas estuvieron en el escenario su habitual Manu Molina, batería que le acompaña desde los tiempos de su debut, el guitarrista Xel Pereda, su lugarteniente y amigo, Luis Rodríguez, bajista patrio que tocó en la gira con Christina Rosenvinge y en el proyecto Lucas 15, y Abraham Boba, alter ego del vigués afincado en Barcelona David Cobas, su nuevo teclista.

Nacho Vegas estuvo serio, parapetado detrás de unas gafas oscuras que no se quitaría hasta que comenzó a atacar ‘Dry Martini S.A.’, adelanto de El manifiesto desastre, en el que los teclados estuvieron, como en casi todo el recital (una de las pocas tachas que se pueden poner a este concierto con mayúsculas), por encima de las guitarras.

Hubiera sido muy difícil contentar a todo el mundo pero el repertorio de esta noche estuvo muy atinado. La banda sonó como un cañón desde principio a fin, especialmente en la última media hora, y Nacho Vegas, no dijo ni mu hasta que dio las gracias al público por su presencia antes de hacer ‘Perdimos el control’, un tema de ‘Desaparezca aquí’ con un aire tabernario como la nueva ‘Un desastre manifiesto’ que había sonado un rato antes.

De su nuevo material, ‘Junior Suite’, tocada con una batería marcial en plan tambores de guerra, sonó muy Nick Cave, al igual que en ‘Gang-bang’, parada obligada en Cajas de música difíciles de parar, y ‘El tercer día’, tras la cual Nacho Vegas lanzó un escupitajo en plan punkie.

‘Que te vaya bien, Miss Carrusel’, de Townes Van Zandt, muy country con el banjo de Xel Pereda, parecía que iba a ser la única deuda con su debut Actos inexplicables, pero al final habría sorpresa mayúscula.

‘Ocho y medio’, de Desaparezca aquí, la hizo sólo, con la guitarra acústica entrando la banda para enfatizar la emoción. Y al tocar ‘Días extraños’, portando acústica él y Xel, que nos regaló un toque increíble, le entró la risa. De El tiempo de las cerezas también rescataría poco después la intrigante ‘Secretos y mentiras’.

‘Nuevos planes, idénticas estrategias’, que los más fieles ya aplaudieron al tocar Vegas las primeras notas con la guitarra eléctrica, marcó el final del recital. “Ha sido muy bonito tocar aquí y vamos a hacer un par de canciones más”, dijo, y cayeron la truculenta y muy vegasiana ‘Morir o matar’, mi favorita del nuevo álbum, y, su inevitable hit, ‘El hombre que casi conoció a Michi Panero’.

Ese medio tiempo atemporal de Nacho Vegas parecía que sería el fin de un concierto grandioso pero todavía habría un hueco para una propina. Dio nuevamente las gracias, abrumado por la acogida y le dedicó ‘El ángel Simón’ a su madre que no sabía si habría aguantado en la butaca hasta el fin. Un tema que en su versión ’09 sonó como si fuera nuevo. Un colofón apoteósico con el público puesto en pie que nos puso los pelos como escarpias.

Sitio oficial | Nacho Vegas
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Fotografías | Víctor Rodríguez

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