Omar Rodríguez-López & Jeremy Michael Ward

Gallego 2 de julio de 2008 1 comentario

Omar Rodríguez-López & Jeremy Michael Ward

A esta altura de la película, todos sabemos ya de qué pie cojea Omar Rodríguez-López. Es un músico genial, ajeno a cualquier atadura o convencionalismo musical, todo un virtuoso de la guitarra y ambicioso como pocos cuando se pone a componer; pero a veces, se le va la pinza hasta tal punto, que no hay quien le entienda.

El nombre de Jeremy Michael Ward quizás lo conozcan menos personas, pero ha estado ligado al de Omar y al de su compañero de fechorías, Cédric Bixler-Zavala, durante muchos años. Su colaboración con el puertorriqueño se remonta a la era De Facto, donde comenzaría a actuar como ingeniero de sonido de la banda. Más tarde, con la creación de The Mars Volta, Ward mantendría su papel de técnico, colaborando estrechamente en la creación del gran disco De-Loused in the Comatorium.

Sentadas estas bases, habría que dejar clara una cosa: éste no es un disco nuevo. En realidad, esta colaboración entre tan talentosos músicos fue grabada allá por el 2001, al poco tiempo de que At the Drive-In echaran el cierre. Por aquel entonces, la pareja decidió distribuir la grabación en formato mini-disc entre sus allegados, y es ahora cuando se pone a la venta para el gran publico, vía Infrasonic.

Si os digo que se trata del trabajo más extraño e indigesto de Omar, más de uno se sorprenderá, y habrá incluso quien dude de mis palabras. Pero verdaderamente así es, pues el mejor término para definir a este compendio de disparatadas composiciones es ruido. Tal cual.

Olvidándose de cualquier concepto básico a la hora de realizar una composición musical, el disco es poco menos que una mixtura de efectos disparatados, inconexos, que se suceden sin ninguna lógica ni orden aparente a lo largo de once pistas que muchas veces resultan imposibles de diferenciar unas de otras. Valga como ejemplo el tema de inicio, ‘Sounder of Tame Swine’ (Imeem).

Y así, todo el disco. Siempre he sido defensor de todos los desvaríos llevados a cabo por Omar en su carrera en solitario, y disfruté como el que más con la serie extraños de álbumes que editó a lo largo del año pasado; pero hay un punto en el que tienes que decir basta, y este compacto lo sobrepasa por mucho.

Me parece muy, pero que muy bien, que estos fructíferos artistas decidieran dar salida a sus inquietudes musicales y experimentar con absoluta libertad el sonido a principios de siglo. Es obvio que en sesiones de estudio como ésta se formaron las bases de lo que luego sería The Mars Volta, y como tal reconozco el interés y la valía de ellas. Pero de ahí a venderlas en un disco tan insufriblemente abstracto va un rato. Lo siento mucho, pero no he podido con él. Lo conservaré como curiosidad, eso sí; mas no me veréis escucharlo mucho a partir de ahora.

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Comentarios

  • 1 Avatar

    Joer macho, qué maldita locura…

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