
Con este disco Ry Cooder cierra la interesantísima trilogía californiana que comenzó en 2005 con Chávez Ravine, un homenaje al barrio chicano que rodeaba el estadio de Los Ángeles que fue derribado en la década de los cincuenta, dejando a miles de humildes ciudadanos sin casa, y continuó con My Name Is Buddy el año pasado, otra jugoso trabajo conceptual sobre la pérdida de la unidad y la solidaridad humana vista desde la mirada de un gato.
Ahora, Ry Cooder se ha sacado de la chistera un personaje de ficción, Kash Buk, un músico que se pasa toda su vida en las carreteras junto a su grupo The Klowns, todos apasionados de las carreras de coches y la indumentaria militar, que supuestamente son quienes interpretan todo el disco. Un álbum que es la banda sonora de una novela de noventa páginas que se incluye con la edición limitada.
Esta novela cuenta la verdadera historia de este personaje a mediados del pasado siglo y su amigo Shakey el Alien que se ven envueltos en múltiples aventuras, la mayoría llena de personajes extraños y extravagantes y cuyo universo musical son estas canciones que van del folk a la música de frontera, pasando por el rockabilly o el blues.
Ry Cooder, que canta, toca guitarra, mandolina y bajo, está secundado como en sus últimas grabaciones por su hijo Joachim y se rodea de músicos fronterizos como el mariachi Los Camperos, Rene Camacho, Francisco Torres, Anthony Gil, el maestro Flaco Jiménez, al acordeón, Gil Bernal o Juliette Commagere, que canta la bonita nana-bálsamo que nos arrulla con pianos y guitarras evanescentes al final del disco, ‘Little trona girl’ (Imeem).
Antes, Ry Cooder, pletórico en todo I, Flathead, nos presenta a Kash Buk en el R&B ‘Drive like I never been hurt’ (Imeem), primero con una breve alocución y luego rodeando su voz con un mariachi que da al tema un aire añejo, cincuentas diría yo. Sorprende después con ‘Waitin’ for some girl’, un rock que me recuerda a una melodía playera.
El rockabilly ‘Johnny Cash’ (Imeem) es un homenaje al mítico intérprete imitando sus maneras vocales e instrumentales, aunque en la letra habla de él mismo; pero éste mítico artista parece ser que es uno de los favoritos de Buk y su banda. Cooder borda el spoken word en ‘Can I smoke here?’, transformado en el personaje principal, algo que volverá a repetir después en ‘Flathead one more time’.
Pero también nos sorprende con un corte de retro country totalmente cincuentero que incluye narración: ‘Steel guitar heaven’, y un pizpireto blues: ‘Pink-O boogie’, además de con una cumbia: ‘Fernando Sez’ (Imeem), y una extraordinaria pieza de folk de ambigú de la frontera: ‘Filipino dance hall girl’.
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