
Parece que me toca siempre reseñar los discos de Tindersticks en días oscuros y lluviosos en los que apetece un chocolate con churros a media tarde. Si en noviembre hablé del BBC Sessions ahora os voy a recomendar su último disco de estudio, el recientísimo The Hungry Saw.
Le va bien los días lluviosos a la música de los de Nottingham, pura melancolía, delicadeza y nostalgia, aunque el contenido de este nuevo trabajo, que hace el séptimo en una carrera con altibajos en las que los dos primeros álbumes, ambos sin título, y Curtains marcaron su cima compositiva, no lo aconsejamos para quien tenga la moral por los suelos.
En The Hungry Saw sigue habiendo ese rock de cámara de filiación nocturna al que nos tienen acostumbrados, donde el teclado y piano de David Boulter y el violín, aunque ya no lo toque Dickon Hinchliffe, siguen haciendo de las suyas como en el instrumental The organist entertains y The other side of the world con ambos a pleno rendimiento como partes fundamentales de los enrarecidos cuadros sonoros retro que nos bosqueja esta formación ahora reducida a trío.
Stuart Staples, que ha navegado en solitario, desde que en 2003 Tindersticks editaran Waiting For The Moon, se nos vuelve a mostrar como uno de los más melancólicos vocalistas del continente, especialmente en Mother dear, una tremenda pieza que cada vez que la escucho me dan escalofríos, lo mismo que me ocurre al darle al play y sentir la cortante melodía de Feel the sun, o el quejido hiriente de Boobar.
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