
En España llegan las tendencias con lentitud, mientras que en otras partes del mundo ha explotado hace un tiempo un determinado sonido, nuestra escena sigue impasible ante lo ocurrido. Ha pasado desde los sesenta, cuando The Beatles triunfaban y teníamos que esperar unos años para que aquí hubiese cierto reflejo (Los Estudiantes, Los Pekenikes…), y sigue pasando ahora.
Cuando por 2002 James Murphy, a través de su sello DFA Records y su proyecto musical, puso de moda (en especial en 2005) lo que vino a llamarse dance-punk, aquí no teníamos ningún grupo que consiguiese unirse a esa corriente, aunque Delorean sorprendieron un año después con un gran álbum – Into the Plateau (2006, BCore Disc) -. La electrónica ha sido la asignatura pendiente en este país.
Ahora de repente nos encontramos con una patata caliente, con un bombazo que puede estallar para bien si tiene la suficiente repercusión, y con algo inesperado a estas alturas. We Are Standard firman su segundo álbum, de título homónimo, y con ello se suman por méritos propios a una corriente que tiene vitalidad para rato.
We Are Standard – The Last Time (Arthur Baker remix) (YouTube)
Es sorprendente el cambio que han dado los vascos en apenas dos años. En 2005 ganaron el concurso del FIB de bandas noveles, en 2006 lanzaron un álbum muy esperado y que por estos motivos, no consiguió ser tan perfecto como ellos aspiraban a ser. Tenían clase y apuntaban maneras, todos estábamos de acuerdo, pero la rapidez no es buen camino.
Ahora han decidido cambiarse el nombre, se han añadido el “we are” y como complemento, han decidido salir fuera a buscar la esencia de su sonido. Esta esencia no es otra que Andy Gill, el intocable productor y miembro de Gang of Four. Ya empezamos a hablar de palabras mayores.
Londres ha sido la ciudad elegida (es donde vive Gill), y la historia que ha habido detrás tiene pinta de ser propia de una película más que de la realidad, así que ya tenemos una grabación que se convierte en un ejercicio de superación (cuentan que han grabado cada parte de los instrumentos por separado, es decir, la batería dividida en fragmentos, y luego se han mezclado), una ciudad que rebosa música, un productor que es un genio y un grupo que aspiraba maneras. ¿Qué tenemos? Un álbum magnífico.
Es electrónica a la vez que es pop, es rock a la vez que es punk, y entre medias, ornamentación, sí, como se lee, pero nada de violines ni orquestas, aquí todas las melodías son oscuras y lúgubres, aunque sin ninguna connotación triste, es más, quien no se mueva con este álbum tiene un serio problema.
Hay una potencia que se escucha y se piensa en seguida en la mejor pista de baile, también se recuerda la época de Gang of Four y cómo el grupo de Gill ha influenciado tanto al movimiento del dance-punk. En We Are Standard hay un hit tras otro que no dejan descansar en los 42 minutos que dura el álbum.
Me pasa lo mismo que cuando escuché por primera vez la presentación de LCD Soundsystem. En cada escucha me quedaba con una canción como favorita. Esto sólo pasa cuando el material es muy bueno y se va descubriendo qué hay detrás de él poco a poco. Aquí ‘The Last Time’ engancha a la primera. Después escuchas el remix de Arthur Baker y te quedas con él, porque es impecable.
Pero llega el momento en que suena ‘Don’t Let The Children Play Around’ y ahí se acaba todo. Son casi cinco minutos de fiesta, de pura orgía de capas mezcladas entre sí para conseguir el resultado de nivelar a la fórmula habitual estrofa y estribillo. Bajadas y subidas, aquí se convierten en sensaciones.
Lo dicho, cualquier tema tiene cuerpo de single y su momento para lucirse (no me olvido de ‘Other Lips, Other Kisses’). El segundo de We Are Standard es una bomba de relojería, y que merece llegar tan alto como calidad tiene, es decir, al nivel de los grupos extranjeros de primera fila. Nueve canciones propias de un polvorín y nosotros podemos experimentar la explosión.
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