
En España existe un grupo de músicos con espíritu de perdedores o de malditos, pero entre todos ellos, el que quizá tenga una menor comunidad detrás sea la de José Ignacio Lapido. Tanto Nacho Vegas a un lado, como Quique González al otro, tienen una fiel parroquia detrás. Y quizá sea la de esta última la que más cercana podría estar a la de Lapido, pero su liga parece que es la de un eterno secundario, vagando con otros compañeros como Hendrik Rover. No obstante, la poca repercusión que alcanzan sus lanzamientos no desmoraliza al granadino, que, ambiciosamente, cuenta para este álbum con su alumno más aventajado (el propio Quique), y con la colaboración de dos de las grandes voces de este país: Miguel Ríos y Eva Amaral.
Vaya por delante que es un disco compensado, en el que tanto la faceta más íntima como la más rockera del compositor tienen cabida, pero quizá es esta última la que alcanza cotas más brillantes, no en virtud de su instrumentación, sino en la cohesión de los temas. Por ejemplo, ‘Algo falla’ o ‘Lo creas o no’ son unas buenas muestras de rock, al igual que la sobresaliente ‘Sueños que dejamos ir’.



