
Siempre que un grupo se refunda, como ocurrió con Tindersticks en el 2008 y el lanzamiento de ‘The Hungry saw’, y lo hace con una buena acogida por parte de sus fans, el optimismo que inunda tanto al grupo como a sus fans es un buen motivo para continuar adelante, y el impulso de esa reconciliación (con los demás y consigo mismos) se percibe en este nuevo disco como una reafirmación en su habitual melancolía nocturna.
Quizá sea la falta de presiones externas las que le han facilitado alcanzar este buen momento, en el que se toman la libertad de, a la vez que la instrumentación es cada vez más sutil y menos recargada, las voces adquieren más protagonismo, no sólo la del siempre sugerente Stuart Staples, sino también la de unos coros que magnifican la grandilocuencia de tema(zo)s como ‘Harmony around my table’, o la acompañante de Mary Margaret O’Hara en ‘Peanuts’.

