Cuando hace unos meses Billy Corgan anunció que volvería a sacar un disco bajo el manto de los inolvidables Smashing Pumpkins, muchos nos echábamos a temblar con lo que podría salir de ahí. Al final, Zeitgeist resultó ser un disco medianamente pasable, pero que en ningún momento nos hacía sentir que estuviésemos volviendo a oír a los Calabazas.
De largo, lo mejor del repertorio de dicho álbum perpetrado “mano a mano” entre Corgan y Jimmy Chamberlin eran los cortes más rápidos, como 7 Shades of Black o (Come On) Let’s Go, mientras que los intentos de recuperar la melancolía característica de la banda con canciones más lentas quedaban en simples amagos de emotividad, siendo las ganas de pasar de pista el sentimiento más intenso que despertaban en el oyente.
