
Cuando les comenté a unos colegas que iba a tener la oportunidad de ver en directo a Anne Clark la envidía les corroía. Y cuando les dije que la entrada costaba la módica cantidad de 10 euros alucinaron. Me decían: estará lleno y habrá un ambientazo seguro.
Ni lo uno ni lo otro. El Teatro de la Laboral, el más grande de Asturias y el que mejor sonoridad tiene, no se vio vacío pero tampoco lleno, y la ocasión se lo merecía. Lo del ambiente dejémoslo en templado. Me lo comentaba después del concierto el responsable de la agencia de management de la artista, a diferencia de Alicante aquí el público no se desmadró.
Tampoco es que Anne Clark sea la alegría de la huerta pero la recta final del concierto sí que fue para ponerse en pie y no parar de bailar, porque ahí demostró que todavía su propuesta tiene plena vigencia en pleno siglo XXI, cuando apenas si quedan artista de culto.

