
Lo había avisado en varias ocasiones y por fin lo consiguió tras ingerir una dosis letal de relajantes musculares que le mantuvo en coma varias horas. Vic Chesnutt se suicidó en Navidad sin hacer ruido y en silencio, un poco como fue su vida desde que a los 18 años un accidente de automóvil le dejó postrado en una silla de ruedas.
Lo de en silencio es un decir porque Chesnutt nos deja un legado discográfico como poco inmenso que todavía no ha sido reivindicado. “Se ha ido uno de los grandes”, dijo Michael Stipe, productor de sus dos primeros álbumes, Little y West Of Rome, cuando supo del triste desenlace.
