
Me acuerdo de un concierto en Oviedo en el que Loquillo y los Trogloditas compartían cartel dentro de las fiestas de San Mateo y unos salvajes comenzaron a tirar cosas al grupo y el cantante y Sabino Méndez bajaron del escenario y se liaron a mamporros con aquéllos.
Era otra época, mediados de los ochenta, las tribus urbanas tenían los territorios muy delimitados y nadie osaba mezclarse, ni rockers con punkies ni heavies con mods, y de cuando en cuando se producían altercados de orden público.
Aquello podría llamarse rock & roll actitud y Loquillo, que ha cumplido las tres décadas en activo, sigue mostrando la misma actitud punk, chulesca también se podría llamar, que antaño. Ayer presentó en Gijón Balmoral en la Sala Acapulco del Casino de Asturias, un lugar en el que parece que hemos entrado en el tunel del tiempo y hemos aparecido a finales de los sesenta.

Hace años me dijo Loquillo que él elegía a su público. ¡Olé sus narices! Ese fue el titular de una comentada entrevista en la que el cantante se explayaba con otras perlas de similar calibre. Balmoral es su primer finiquitados Los Trogloditas, que el mismo ha declarado que no volverá a activar, y en él nos encontramos a un Loquillo distinto, más reposado, tal y como lo vemos en su portada.