
Estoy seguro que si se te presenta la oportunidad de montártelo con esa tía con la que llevas toda la vida soñando, esa noche tendrías tu primer gatillazo. Algo parecido me ocurrió a mí anoche en mi cita (y el mejor regalo de cumpleaños imaginado) con esas cuatro siglas que no he conseguido quitarme de la cabeza desde donde alcanza mi memoria: AC/DC.
Eran tantas las fantasías que había tenido con ese momento que cuando por fin se hizo real sentía que ya lo había vivido y gozado. Pocos heavies de los de verdad y muchos que se ponían por primera vez la camiseta y la responsabilidad de tener que disfrutar al máximo un concierto en el que sabes que eres un privilegiado porque, desgraciadamente, miles y miles de auténticos fans se han quedado fuera. Sin ellos este circo no está completo.
Y por supuesto que lo disfruté (imposible no hacerlo) sólo que cuando esperas un 10, un 8,5 te parece muy poco. Pero resulta muy triste quitarte el preservativo y comprobar que no has echado ni gota, cuando sabes que no habrá un segunda oportunidad y encima has agotado uno de tus sueños en el intento.
