Para poder votar este post tienes que identificarte o registrarte aquí.
Para votar este post conéctate con Facebook
Connect
Hay músicos que se han ganado el derecho a hacer discos malos. Bob Mould, el hombre que llevo el hardcore un paso más allá con Husker Dü y que en los 90 dejó con Sugar dos lecciones magníficas y contrapuesta de indierock (Copper Blue y Beaster), es de esos.
Seguramente, a sus seguidores nos gustaría que volviese a sacar un disco irreprochable, pero ya sabemos que eso es casi un imposible. De un modo u otro, la inspiración es complicada de mantener a lo largo de los años. La capacidad de sorpresa, además, se pierde cuando ya has tocado techo.
Otra cosa es que esos músicos perpetúen su carrera con discos menores. Llega un momento en que a uno le dan ganas de no seguir al tanto de sus novedades. Claro que, cuando menos te lo esperas, vuelve a recuperar la buena mano. Algo así pasa con District Line, que no es ni mucho menos un gran disco, pero sí supone la vuelta a un nivel notable.
Leer más