Poco o nada tiene que ver ponerte en casa un disco de Deerhunter a verles en directo. Muy brutos, extraños, perturbadores, hipnóticos. Una escalera de caracol de hora y media en la que puedes ascender, descender, pero nunca detenerte. Cada recoveco, cada escalón, tiene una función y no hay dos iguales. No sabes a donde te va a llevar pero la experiencia es bastante más placentera que hacer ese mismo trayecto dentro de un ascensor.
Uno tiene la sensación de que está ante algo muy grande, de reencontrarse con Joy Division, Jesus & Mary Chain, The Velvet Underground, incluso Iggy Pop. Todos ellos están en alguna medida en Halcyon Digest, un repaso a los ochenta, los noventa, que, como muy bien citó Probertoj cuando habló de su último disco, podría ser tu vida.

A Bradford Cox, el chico más delgado del indie internacional, le prefiero con sus compañeros de Deerhunter que en solitario como Atlas Sound, aún recuerdo lo que me aburrí cuando vino a Bilbao en 

