
The Hazards Of Love, su ambicioso disco de 2009, fue una suerte de experimento y como se dice vulgarmente: los experimentos con gaseosa. Esa obra de pro-rock conceptual me pareció una majarada y no esperaba que los de Colin Meloy pudieran sacarnos la espina que nos clavaron.
Claro está que comparando The King Is Dead con aquél uno parece el día y el otro la noche, uno la cal y la otra la arena, la claridad y la oscuridad. Uno entra a la primera, al otro costaba dios y ayuda entrarle, así que la balanza se inclina claramente hacia su nuevo álbum.



