Pese a lo que pueda parecer en una primera escucha, Cassadaga es un buen disco. A ratos, uno hasta brillante. Pero no uno sencillo, ni el que debe encumbrar a Bright Eyes (y a su líder, Connor Oberst) fuera de las corrientes más minoritarias del mainstream. A pesar de que todo indicaba que éste era el momento del salto, Bright Eyes han decidido tomárselo con calma.
Que conste que son el grupo perfecto para que muchos se los tomen a chifla. Un jovencito tratando de dar lecciones sobre política, medio ambiente y sociedad moderna es algo que ya no se acepta así como así. Y muchas de las críticas más severas de la prensa anglosajona a este disco vienen, sobre todo, a raíz de sus letras.
Hay quien las llama “adolescentes” (siempre en tono peyorativo), quien las considera panfletos sin consistencia y quien dice que suenan como si Connor estuviese totalmente puesto de prozack.
