
Centella es Padi Fuster, ex-miembro de las desaparecidas e intensas Sibyl Vane. Si a aquellas se les acusaba de tener demasiado parecido con Sleater-Kinney, a la nueva aventura de Padi no sé qué pegas se le verán, porque, a priori, parece más frágil. Centella ha decidido quedarse con lo más básico y la aventura en solitario (más colaboraciones puntuales) está vestida sin apenas ropajes: eléctrica y batería y carretera y manta.
La fórmula no necesita más aliños: las canciones se mueven todas por debajo de los dos minutos (bueno, excepto ‘Deriva‘, que dura tres segundos más), las estrofas son cortas y los estribillos tan escasos que apenas lo parecen. Esto es como una versión de su anterior grupo, pero sin tiempo para ponerse rockera. Le viene bien el nombre: sus canciones son centelladas que duran un abrir y cerrar de ojos, que brillan y después sólo dejan chiribitas en los ojos.

